Verticalidad, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 01/08/2007
 
Talavante representa ahora la estética que vigorizó Manolete.
Ya está aquí otra vez la verticalidad. Desde los hitos memorables de los años cuarenta, con Manolete como faro de la torería de entonces, quien después de la guerra civil, simbólicamente puso en pie la fiesta, vertical en su forma encarar al toro y las distintas suertes, desde entonces cíclicamente han surgido diestros que, de una manera o de otra, han continuado con la estética del gran califa cordobés, que atenazó con su toreo y con su trágica muerte los iconos de los toros y del país entero.

El propio Luis Miguel Dominguín, por altura física y por el porte de los primeros años, pareciera un émulo de Manuel Rodríguez. Arruza, más bullanguero, bebió de alguna fuente similar. Lo estatuarios de los inicios de los trasteo tenían ese común denominador. Si se quería conformar críticamente a un torero para ser entendido por todo el orbe taurino, se decía que era amanoletado.

Ahora, el hieratismo de Alejandro Talavante sirve en frío, nunca mejor dicho, la comparación con los vestigios que marcaron la época de Manolete.
Hace unos años, la eclosión tardía en la escena taurina de Vicente Barrera también ayudó a las tablas comparativas. Por su fuera poco a este propósito ha reaparecido José Tomás, quien tampoco ha disimulado en la profundidad imitativa de la referencia cordobesa. Quizá el torero de Galapagar sepa aglutinar mejor que ningún otro en la mimesis, pues atesora mejor que nadie el misterio de los hombres vestidos de luces, que son capaces de enfrentarse a riesgos enormes, dueños de un estado de ánimo absolutamente personal. Y dentro de esa categoría anímica y técnica están en un lugar diferencial destacado los autores el toreo vertical, esos espadas con una concepción geométrica que impregna extraordinariamente la profesión y los quehaceres.

Ahora, con Talavante y José Tomás como representantes más cualificados, y si se apura también se advierte algún tinte en Sebastián Castella, la estética aquella que vigorizó en no más allá de diez temporadas el llamado monstruo cordobés, Manolete, adquiere un valor especial con esa característica que tantos adeptos junta y tantos deleites procura. Toreros, verticales, trabajos verticales, faenas verticales.


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