Manuel Barrera no existe (como torero). Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 03/07/2007
 
La Fiesta está repleta de contrastes, de grandeza y de desesperaciones, de verdad y de enigmas. También la tele es así, repleta de contrastes, a veces incluso anacrónica.
Daba la vuelta al ruedo pausado, parsimonioso; saboreando elogios y alabanzas, piropos y cumplidos; recogiendo flores y mantones; disfrutando tanto halago tras cortar las dos orejas al toro. A algunos se nos hizo más larga la vuelta al ruedo que la faena. La corrida fue retransmitida por televisión, la corrida y la eterna vuelta al ruedo. Dicen que en la tele el tiempo es oro, y aquella vuelta al ruedo, de haber tenido que pagarla, hubiese valido una fortuna, seguramente más de lo que el torero cobró por su actuación.

Entretanto, otro matador esperaba que aquella perpetua vuelta al ruedo, que más parecía un Tour de Francia, llegase a su fin para poder comenzar su actuación. El que esperaba, o más bien desesperaba, era Vicente Barrera, y el que ralentizaba su tournée era Jesulín, que no contento con la mencionada vuelta interminable, aún recorrió gran parte del callejón de la plaza en busca de Campanario, su mujercita, y de su hijita, con las que se fundía en besos y enhorabuenas mientras continuaba siendo vitoreado por un público partidario. Y Barrera seguía metido en el burladero esperando a que acabase el bullicio para que saliese su toro. Era en Vinaroz. No sé cuánto tiempo hubiese necesitado el de Ubrique si el éxito llega a suceder en una plaza importante.

A cien kilómetros de allí, un esplendoroso Antonio Ferrera resultaba cogido de forma dramática. La cornada en el pecho hacía presagiar lo peor, lo que por fortuna no llegó a producirse. Y a ochocientos kilómetros de allí, un novillero llamado Martín Gallo era corneado por partida doble en ambas piernas. La Fiesta es así, repleta de contrastes, de grandeza y de desesperaciones, de verdad y de enigmas.

Las diferentes cadenas de televisión se hicieron eco de las cogidas, aunque alguna que otra emisora puso de manifiesto sus nulos conocimientos en materia taurina llamando Manuel al bueno de Antonio Ferrera. No me imagino yo que a Santiago Cañizares les diese por llamarle Manuel Cañizares; no, porque las teles tienen expertos en deportes.

Mientras los Sanfermines desatan pasiones y guerras por los índices de audiencia, mientras algunas cadenas despliegan especiales desde Pamplona aprovechando el tirón de los toros, los medios audiovisuales en general siguen descuidando la contratación de profesionales expertos en la materia. La Fiesta es así y la tele es así, repleta de contrastes, a veces anacrónica.


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