Murcia Domingo, 12 de octubre de 2008
 

Las Ramblas, Zalduendo, Fuente Ymbro, Victorino Martín, Jandilla, El Torero y El Torero -sobrero-. De diversas hechuras y condiciones.

Pepín Liria, que actuó como único espada, oreja, dos orejas, oreja, oreja, oreja, palmas, dos orejas y rabo.
Liria, que se despedía de los ruedos, brindó el segundo toro al público, el tercero a Espartaco, Conde, Vega, El Fandi y Manzanares, el cuarto al médico de la plaza, el quinto a Angel Bernal, el sexto a sus hijas Mara y Jara y el sobrero, otra vez al público.
Lleno.


Se escuchó el último rugido del león de Cehegín. Tarde de emociones, en el ruedo y en el tendido. La despedida de Pepín Liria tuvo caracteres de acontecimiento. Murcia se volcó con el torero más importante que ha dado esta tierra. Y el torero, Pepín Liria, no defraudó.

Salió Pepín a comerse los seis toros, o siete si se daba el caso, saltaran como saltaran. Y de todo hubo en la viña del Señor. Por haber, hasta una batalla con el complicado y avieso toro de Victorino Martín. Claro, que a estas alturas de su carrera, una batalla más o menos poco importaba. Y cuando pudo, que fueron varias veces en la tarde, se dejó llevar por el buen gusto, que también lo tiene este león de Cehegín.

El primero, de Las Ramblas, salió manso en los primeros tercios. Pero cambió en la muleta. Con él estuvo a gusto Pepín. Muy entregado. El pronto toro de Las Ramblas tuvo respuesta de nivel alto cuando Pepín lo toreó sobre la mano derecha. Un espadazo certero tumbó al morlaco a la primera. El segundo, de Zalduendo, abanto y huidizo de salida pero de buen son, llegó algo tardo a la muleta. Pepín hincó las rodillas en tierra para empezar su curso con la muleta. Faena de parecidos valores a la primera. Tranquilidad. Todo como la seda. Otra estocada. Salió el de Fuente Ymbro en tercer lugar. Toro hecho. Y bien hecho. A porta gayola se marchó Pepín para recibirlo de rodillas con una larga cambiada. La faena la inició con una serie encadenada de pases por la espalda y de frente. Pero al toro se la acabó el carbón muy pronto. Pagó el duro y largo puyazo que tomó. Amo de la situación, Pepín mató de pinchazo y estocada sin puntilla. La batalla vino con el cuarto, tras un descanso de casi media hora para que Pepín cambiara de vestido. El grana y oro daba paso a un inmaculado blanco y oro. La batalla, digo, se desató sin contemplaciones. Listo el toro. Listo el torero. Hubo tiempo de robar algún natural. Faena sudada. Bien planteada. Media bastó para entregar al malaje a las mulillas. Manso de libro el quinto, de Jandilla. Le ganó Pepín siempre la mano en faena planteada en los medios. Sin dudas. El toro, al final, pareció acorralado. Un pinchazo hondo bastó. Malo, un mulo, el sexto, de El Torero, Con él banderilleó Pepín. Uno al cuarteo, otro de dentro a fuera y el tercero de poder a poder. Luego, ante lo visto, brevedad. Regaló el sobrero, también de El Torero. Toro de poca entrega. La que faltó la puso Pepín. Las orejas y el rabo de ese toro, un premio a toda su carrera. Al final se lo llevaron el volandas. A hombros de El Fandi, Espartaco, Manzanares, Salvador Vega, Juan Belda y Javier Conde, sus compañeros y amigos.

Vicente Sobrino


Comentarios

Sin comentarios