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Novillos de Flores Albarrán, muy bien presentados, serios y con cuajo, pero con poca fuerza, menos juego y mucho peligro.
Pedro Marín (de carmín y oro), silencio con aviso en el único que mató.
Juan Francisco Prados (de azul rey y oro), silencio en su lote y silencio en el que mató por Marín.
Pascual Javier, silencio y silencio tras aviso.
Pedro Marín fue cogido al muletear a sus egundo sufriendo una cornada en el muslo derecho que secciona safena y femoral de pronóstico muy grave.
Tras la agradable sorpresa que supuso la actuación de Juan Cervera -fácil, despierto, con gracia, listo...- en la novillada de promoción que abría la Feria de la Comunidad Valenciana, la primera función de este abono, final del concurso Camino a matador, acabó en drama al ser cogido de mucha seriedad el novillero albacetense Pedro Marín por el segundo novillo de su lote, un astado siempre a la espera que finalmente le acertó en un derrote mandándole al hule y sangrando copiosamente con la femoral y la safena rotas.
El parte médico, uno de los más terribles emitidos en la enfermería de Valencia, no dejaba lugar a dudas: "Cornada en la cara antero-interna del muslo derecho a nivel del triángulo de Scarpa, con una trayectoria ascendente de 35 centímetros que atraviesa el arco crural hasta la vena iliáca interna y retro peritoneo. En su trayectoria secciona la vena safena interna provocando una sección casi completa de la vena femoral común con gran hemorragia y contendiendo la arteria femoral profunda, así como rotura de las venas perforantes y rama del tayado de la safena. Gran contusión de adductor y músculo sartorio. Pronóstico muy grave".
Marín pagaba, con creces, de manera desmesurada, su afán por querer ser torero. Y ante un muy complicado lote, el de Albacete, consciente de que quien algo quiere algo tiene que arriesgar, anduvo muy dispuesto y decidido, arrimándose, firme ante novillos siempre pendientes de él, acurrucados en defensa a la espera de una oportunidad, no de embestir, que no embistieron, sino de alcanzar al torero. Y su segundo novillo le alcanzó y le hizo mucho daño. Pero demostró que quiere ser torero.
Fue el único de los tres finalistas que se puso delante de los novillos, ejemplares serios y con cuajo pero sin entrega y con evidente peligro.
Juan Francisco Prados no se confió en ningún momento, con muchas dudas y sin buscar nunca someter a sus antagonistas, mientras que Pascual Javier, que no quiso ni ver a su primero, anduvo más dispuesto con el sexto, el más claro de la tarde, aunque también se frenaba, con el que cumplió un trasteo desigual y movido pero voluntarioso.
Paco Delgado
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