Algemesí. Quinta de feria, aplazada por lluvia. Lleno. Sabado, 04 de octubre de 2008
 

Cuatro toros de Manolo González justos de fuerzas y manejables, y uno de Murube (3º) para rejones, manso.

Vicente Barrera: oreja y dos orejas y rabo
Javier Conde: saludos tras aviso y oreja tras aviso.
El rejoneador Leonardo Hernández: oreja.


Y al final se cortó un rabo. En la última de abono, corrida que tuvo que ser aplazada diez días antes a causa de las fuertes lluvias caídas en Algemesí. Lo consiguió Barrera por hacer lo que le dio fama y cartel: ligar pases sin enmienda, vertical y templado.

Sus dos faenas tuvieron la virtud de ir a más. La primera creció sobre todo en la parte final cargada de variedad y vistosidad, pues la escasa fuerza de su antagonista impedía que las buenas intenciones iniciales del valenciano llegasen al tendido. La estocada fue antológica, y su ejecución ya valía por si sola la oreja.

También supo mantener la atención del público cuando perdía fuelle el segundo de su lote. A éste le recetó ligazón marca de la casa por ambos pitones, aunque sobresalió sin duda toreando al natural. Con la muleta siempre puesta y girando sobre los talones, Barrera se ganó la admiración de las peñas, y con los desplantes finales acabó metiéndose a todo el público en el bolsillo.

Pudo acompañarle en la salida a hombros Javier Conde, que si no lo hizo fue exclusivamente por su deficiente uso de los aceros. Su primera faena fue más bonita que buena, y sólo alcanzó nivel en los compases finales con el torero más confiado y ajustado.

Más a gusto se sintió con el que cerraba festejo, haciendo las delicias de un público que le jaleó, le apoyó y le empujó hacia el éxito. En ambos casos echó mano de su peculiar tauromaquia, que cayó de pie en Algemesí. Hubo fases de afectación, de sentimiento, de parafernalia y también de toreo bueno. Es diferente, y la personalidad cotiza al alza. Hizo un esfuerzo y mereció mayor premio, pero no estuvo afortunado manejando la tizona.

El rejoneador Leonardo Hernández demostró que también en una plaza rectangular se puede torear a caballo. Corrió a dos pistas, templó, arriesgó, citó siempre de frente batiendo a pitón contrario y clavando al estribo, pero le faltó más colaboración de un toro de Murube que se negó a embestir y además acertar con el rejón de muerte.

Para lidia ordinaria los astados fueron de Manolo González, muy justos de fuerzas, sobre todo el primero. Manseó el segundo, que se dejó torear sin emplearse, y más manejables los dos que cerraban festejo, aunque sin demasiada clase.

CARLOS BUENO


Comentarios

Sin comentarios