|
Cinco novillos de Cebada Gago bien presentados y complicados en general, y uno de Sánchez Sánchez (3º) para rejones, manso.
Alberto Lamelas: dos orejas y silencio tras aviso.
Mario Aguilar: saludos tras aviso y saludos.
El rejoneador Antonio Domecq: saludos tras aviso.
El rejoneador José Luís Cañaveral: oreja.
A falta de la corrida de toros que se celebrará el sábado próximo -organizada como compensación por haber tenido que suspenderse la del pasado miércoles a causa de las lluvias caídas- en la que alternarán Vicente Barrera, Javier Conde y el rejoneador Leonardo Hernández con toros de Manolo González, el abono se cerraba con una novillada de Cebada Gago cuajada pero complicada en general.
Alberto Lamelas, cargado de oficio y también de predisposición, cortó dos orejas a su primero tras una fulminante estocada y una faena de mérito ante un animal con transmisión pero cierta violencia en su embestida. El jienense consiguió limar asperezas y que las tandas fuesen creciendo en número de pases, sobre todo por el pitón derecho, que por el izquierdo se quedaba más corto.
No decayó en disposición frente a su segundo, que le puso las cosas difíciles porque nunca se empleó en la muleta saliendo de los pases con la cara alta y a su aire. Se justificó Lamelas, que no logró el lucimiento artístico pero sí que evidenció su evolución.
La primera faena de Mario Aguilar nunca acabó de tomar vuelo. Fue una labor intermitente debido sobre todo a que el novillo doblaba las manos con demasiada frecuencia. Mejor cuando acertó a templarlo sin tirones, aunque cuando realmente llegó a conectar con el público fue en la efectista parte final.
Complicado y peligroso resultó su segundo, que no le perdonó errores de colocación. El mexicano no pudo más que demostrar su entrega y disposición.
Antonio Domecq actuó en tercer lugar después de no poder hacerlo el pasado domingo a causa de la lluvia. No se le puede pedir más esfuerzo al jerezano, que lo intentó todo ante un manso integral de Sánchez Sánchez que embestía a arreones y que descompuso cualquier posibilidad de brillantez.
Cerró la tarde José Luís Cañaveral, que quebró espectacularmente en un par de ocasiones y se adornó ajustado en la parte final. Tuvo la plaza a sus pies y luego falló reiteradamente con el rejón de muerte.
Nota: Es de bien nacido ser agradecido. Antonio Domecq sacó al sobresaliente Raúl Martí a compartir la ovación en agradecimiento a que bregase para él de forma espontánea. Por cierto que a Antonio hay que agradecerle que estuviese tan implicado y atento a la labor de su compañero Cañaveral llegando incluso a hacer más de un oportuno quite a cuerpo limpio.
Carlos Bueno
Comentarios
Sin comentarios
|