Algemesí. Séptima de feria. Lleno. Viernes, 26 de septiembre de 2008
 

Cinco novillos de Cayetano Muñoz, bien presentados pero desrazados, uno de Sánchez Arjona que embistió a arreones para el segundo rejoneador, y un sobrero 5º (bis) de Manolo González desclasado.

El rejoneador El Cartagenero: saludos
El Sombrerero: oreja y oreja
Dámaso González: silencio tras aviso en ambos
El rejoneador Roberto Armendáriz: oreja


Banderilleaba El Chano al quinto de la tarde y yo estaba fijándome en El Levantino. El de Bocairent había tenido que desmonterarse para saludar una estruendosa ovación tras banderillear de manera sublime al tercero, y además había estado perfectamente colocado al quite en el anterior. Banderilleaba El Chano y El Levantino se volvía a situar de manera estratégica para meter el capote ante cualquier adversidad del compañero. No defraudó El Chano, vistoso y temerario clavando los palitroques, y también tuvo que corresponder a los aplausos del público. Pero tuvo el gesto de la tarde: invitar a que El Levantino volviese a desmonterarse junto a él después de que le hubiese librado del peligro con su capote oportuno cada vez que salía de clavar.

Fue el momento álgido de una tarde con poca historia. Saltaron al albero siete ejemplares de tres ganaderías diferentes y ninguno dio un juego notable. Se paró el manso primero para rejones. Se rajó muy pronto el también manso segundo. No tuvo la mínima clase el tercero. Embistió a arreones el otro de rejones. Tampoco sacó clase el sobrero que hizo quinto, y no tuvo raza el último.

Aún así, algo más (entiéndase mejor) pudieron hacer los actuantes con estos mimbres. Cortó una oreja de cada ejemplar El Sombrerero, imagino que por disposición. Poco pudo hacer con su primero, que se rajó en la primera tanda, y, aunque se le vio enfibrado y esforzado con el segundo de su lote, lo cierto es que abusó de torear en línea recta (cuando no hacia fuera) sin acabar de comprometerse.

Destemplado y sin atinar a colocarse en el sitio oportuno para ligar los pases se mostró Dámaso González ante el primero de su lote, a quien parece pesarle el nombre. Tampoco supo provocar las embestidas de renuente sexto en una faena tan extensa como insulsa.

Aunque lo puso todo de su parte y se tuvo que echar muy encima de su antagonista cada vez que pretendía provocar su arrancada, poco pudo lucir El Cartagenero con el marmolillo con el que se topó, y el otro rejoneador de la tarde, Roberto Armendáriz, estuvo muy desafortunado durante toda su actuación, pues sus cabalgaduras recibieron prácticamente un topetazo por cada uno de los cites que realizó. ¿La oreja? De risa.

Carlos Bueno


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