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Cinco novillos de Lagunajanda de excelente juego.
El Payo: oreja tras aviso y saludos
Miguel Ángel Delgado: dos orejas y vuelta al ruedo
El rejoneador Álvaro Montes: ovación.
Como si de un anuncio de pilas alcalinas se tratase, Lagunajanda sigue, y sigue, y sigue triunfando un año más en Algemesí, plaza talismán para la divisa jerezana. En esta ocasión volvió a enviar una novillada de bonita estampa que dio un juego extraordinario. ¿Cuál fue el mejor? Los hubo de muy buena nota, aunque yo me quedaría con el primero, ‘Guardamontes’, que aunó tres virtudes principales: fijeza, prontitud y recorrido, recorrido del bueno, empleándose por abajo.
Lo entendió bien por ambos pitones El Payo, que supo dejarle la muleta puesta adelante para llevarlo hasta muy atrás con exquisito temple y ligazón continua. El animal acudía con alegría cada vez que lo citaban por abajo, una alegría que quizá le faltó trasmitir al mexicano para conectar con mayor facilidad con los tendidos. Cortó una oreja a pesar de tener que utilizar el descabello.
Sin embargo no estuvo tan perspicaz ante el segundo de su lote, más claro por el pitón derecho aunque sin embargo él se empeñó en torearlo por el izquierdo. La faena se fue diluyendo porque al animal le costaba cada vez más repetir sus embestidas por ese costado.
Dos orejas a todas luces excesivas se llevó Miguel Ángel Delgado, que no siempre acertó a ganarle un paso entre pase y pase a su primer antagonista; al contrario, se quedó demasiadas veces descolocado provocando parones del astado. Aguantó el torero esos momentos en los que el animal no sabía dónde embestir para llegar con liviana facilidad a las peñas. Mató de estocada trasera y desprendida, lo que poco importó.
No mejoró su imagen con el último de la tarde, que se dio dos fuertes volteretas quedando muy mermado de facultades. El sevillano no consiguió templar los derrotes con los que el animal protestaba su falta de fuerza y la faena nunca tomó vuelo.
Fue una lástima que el bravo novillo de rejones quedase descoordinado de los cuartos traseros tras un resbalón siguiendo a Álvaro Montes en la primera banderilla, porque el jienense lo estaba templando a las mil maravillas desde que salió de chiqueros.
Carlos Bueno
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