Algemesí. Tercera de feria. Lleno. Lunes, 22 de septiembre de 2008
 

Cinco erales de Manolo Gonzáles de juego desigual.

Luca Ruffo: oreja
Jesús Duque: oreja
Jesús Chover: saludos tras aviso
José Kargbó: silencio tras dos avisos
Conchi Ríos: silencio tras aviso


Ambiente de gala para los benjamines del toreo. Algemesí los recibe a plaza colmada, como si de figuras consagradas se tratase. Desde el patio de cuadrillas la murciana Conchi Ríos miraba hacia los tendidos y se quedaba perpleja ¡Lleno! No conocía Algemesí. Hasta la climatología quiso darán respiro para que los chavales actuasen sin inconvenientes añadidos. Las previsiones meteorológicas anunciaban lo peor ¡Casi seguro lluvia! Pero los del tiempo no sabían que en Algemesí, hasta el clima parece ser taurino.

Nota alta para los alumnos de la Escuela Taurina, nota alta al menos en raza, en entrega y en disposición, que otra cosa fue el resultado artístico, condicionado por el deslucido juego que, en general, exhibió la becerrada de Manolo González.

El primero en pisar el albero fue Luca Ruffo, que, demasiado ligero y efectista, no acabó de asentar las zapatillas ante un ejemplar de incómoda movilidad que le impidió ligar las tandas como sería de desear. Mató de formidable estocada y consiguió cortar una oreja.

Otra se llevó Jesús Duque, que firmó una labor de más a menos al tiempo que su antagonista cantaba su condición de manso y pretendía marcharse a tablas. Asentado de zapatillas y ligando con profundidad los pases en principio y más deslavazado después, aunque se le adivinaron buenas maneras.

Un huracán en quites y en banderillas fue Jesús Chover, que lamentablemente no pudo seguir al mismo nivel con la muleta por la complejidad de un novillo que siempre fue muy suelto. Le sobra raza al valenciano y, por el contrario, le falta mejorar con el estoque. Habrá que seguirlo en próximas oportunidades.

Tampoco tuvo suerte José Kargbó, que pechó con un desclasado ejemplar de muy desigual embestida al que le costaba coger las telas. Fue la suya una faena cargada de buenas intenciones y de buena presentación de la muleta, pero su faena no pudo tener la continuidad necesaria para calar en el público.

Gustaron las maneras de Conchi Ríos. Ortodoxa colocación, sentimiento con el capote, pureza en la presentación de la muleta, incluso se le adivinó cierta tranquilidad y capacidad para pensar ante la cara del astado. Es cierto que su novillo fue el mejor, pero había que estar a la altura. Lástima que la faena decayera en los últimos compases y que la murciana se eternizase con los aceros.

Carlos Bueno.


Comentarios

Sin comentarios