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Cinco novillos de Guardiola Fantoni bien presentados, desrazados y distraídos los tres primeros. Bueno el 4º y excelente el 5º.
Juan Francisco Prados (de azul rey y oro): silencio y oreja
Carlos Durán (de tabaco y oro): silencio y oreja
El rejoneador Sergio Domínguez: silencio
Tengo que escribir una crónica y no quiero mostrar mi malhumor por el nulo contenido artístico del festejo. No quiero manifestar el disgusto que me causó ver que un novillo de éxito pasase desapercibido. No quiero expresar mi enojo por la precipitada rapidez con que el rejoneador clavó y marchó. Ni quiero exponer la irritación que me produjo contemplar unas cuadrillas totalmente desorientadas en la plaza. ¡Con la cantidad de valencianos de postín que tenemos entre los hombres de plata, y los novilleros valencianos contratando a los de no sé dónde! ¡Y luego pidiendo que en Valencia se apoye a los valencianos!
No fueron buenos los primeros novillos, muy desrazados y siempre distraídos. Esa es la excusa de los novilleros. Por el contrario sortearon dos buenos ejemplares como segundo plato. Juan Francisco Prados castigó mucho en varas al suyo y por eso se quedó demasiado agarrado al piso para crear la emoción que en principio hizo presagiar. El valenciano apretó el acelerador en los últimos compases de faena, atacó más a su antagonista y consiguió conectar con los tendidos.
Carlos Durán perdió la oportunidad de hacer el toreo bueno con el último, que tenía fijeza, prontitud y recorrido. ¡Era bueno el tal ‘Lostero’!. El chaval echó por el camino de las formas más que del fondo con tanta aceleración como voluntad y logró no irse de vacío.
Rápido, rápido. Clavar, clavar y pasar. Sergio Domínguez trabajó a destajo y poco lució toreando a caballo. Lo de torear a caballo fue una quimera.
Por cierto, ¡vaya par de banderillas el segundo de José Casanova al quinto novillo! Es valenciano. Tomen nota.
Carlos Bueno
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