Valencia Miercoles, 23 de julio de 2008
 

Toros de Zalduendo, muy desiguales de presentación y todos de perfil bajo aunque tercero, quinto y sexto dieron buen juego.

Enrique Ponce (de hueso y oro), silencio en los dos.
Sebastián Castella (de negro y azabache), palmas tras aviso y oreja.
Cayetano (de rosa pálido y azabache), silencio con aviso y dos orejas.

Curro Molina saludó tras parear al quinto.

Casi lleno.


Aunque sin alcanzar las proporciones del saldo lidiado el martes, tampoco la corrida de Zalduendo tuvo la presencia exigible para una plaza de primera aunque varios de sus toros sí tuvieron luego buen son y manejabilidad.

Como el quinto, con el que tras un gran tercio de banderillas a cargo de Curro Molina, Sebastián Castella levantó la tarde con una faena un tanto acelerada pero, desde luego, entregada y valiente que remató, tras un pinchazo, con una gran estocada. También había embestido, mientras duró, con rectitud y humillado el acochinado y sin cuello segundo, al que toreó también con rapidez y dejándose tropezar con frecuencia la muleta.

Tras un trasteo elegante y gustoso a su anovillado primero parecía que con el sexto Cayetano, que se lució al recibir de capa a este toro, iba, por fin, a rematar la función por la vía del triunfo clamoroso. Pero su faena fue muy desigual y a menos, consintiendo demasiados enganchones y cediendo al final a efectismos y concesiones a la galería, si bien en la primera fase de su labor, en la que dejó patente su progresión y compromiso, había sacado series largas y profundas.

No tuvo su tarde Enrique Ponce, que no pudo dar ni un muletazo a su tardo y aplomado primero y pese a la paciencia que derrochó para sacar partido del también soso y parado cuarto, se fue de vacío en su primera comparecencia en la feria.

Paco Delgado


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