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Cinco toros de Marqués de Domecq y un sobrero, quinto, de Lagunajanda. Desiguales de presentación pero en conjunto de buen juego. El sexto fue el más difícil.
Víctor Manuel Blázquez (de azul pavo y oro), silencio en su lote.
Angel de la Rosa (de negro y oro), oreja con aviso y dos vueltas al ruedo tras otro aviso.
José Calvo (de perla y oro), ovación tras aviso y silencio también con aviso.
Media entrada.
Fiel a su compromiso con la torería local -y al pliego de condiciones-, Serolo dio una nueva oportunidad a toreros de la tierra que, pese a sus ya muchos años de alternativa, todavía confían en la suerte y en sus posibilidades.
Enfrente se les puso una corrida de Marqués de Domecq, remendada con un sobrero de Lagunajanda, desigual de presentación pero manejable y con opciones claras de éxito.
Pero sólo Angel de la Rosa fue capaz de cortar una oreja a su primero por una faena intermitente en la que dejó excelentes muletazos sueltos sin lograr redondear un triunfo sonado al no estar a gusto nunca con el sobrero que hizo quinto y que sólo tuvo el defecto de no humillar.
También José Calvo demostró su clase y buenas maneras en dos faenas de distinto registro. Con su noble primero toreó con temple y gusto en un trasteo al que le faltó intensidad y acierto con la espada y con el complicado y peligroso sexto anduvo muy valiente y arrestoso en una labor muy firme y seria.
Tampoco tuvo su tarde Víctor Manuel Blázquez, que pasó sus apuros para banderillerar y que ni se aclaró ni se acopló con ninguno de sus toros.
Y en tarde de valencianos hubo dos subalternos que sí brillaron con luz potente y propia, Domingo Navarro, eficacísimo y siempre fenomenalmente colocado y atento a la lidia, y Javier Mesa, que picó de manera magistral al difícil sexto.
Paco Delgado
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