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Cuatro toros de Jandilla y dos, primero y sexto, de Vegahermosa, justos de presencia y fuerza pero de buen juego en conjunto, destacando los corridos en cuarto y quinto lugar.
Finito de Córdoba (de burdeos y oro), pitos y oreja.
El Fandi (de rosa y oro), vuelta al ruedo y oreja con petición.
Alejandro Talavante (de lila y oro), silencio con aviso en su lote.
Más de media entrada.
Tras dos festejos en los que o los toros o los toreros no estuvieron a la altura de lo deseado, por fin la de Alicante volvió a ser la plaza alegre y festiva que siempre ha sido.
Con todo hubo que esperar al cuarto toro para que se concediese la primera oreja de una función en la que hubo astados con grandes posibilidades de triunfo y lucimiento. Pero bien por racanería presidencial, bien por el poco acierto estoqueador de alguno de los diestros, lo cierto es que el primer trofeo de la tarde fue para un Finito inspirado y artista, que tras lucirse con el capote, se gustó toreando con profundidad, sobre todo al natural, a un toro con movilidad y codicia. Con su primero, mansón y rajado, lo intentó pero sin mucha convicción y, claro, nulos resultados.
La otra oreja concedida fue para El Fandi, cuyo segundo toro, pronto y acometedor, noble e incansable, le permitió, tras una exhibición banderillera, una faena de más a menos que terminó bastante por debajo de las condiciones de su oponente. Antes, con su primero, otro toro dócil y manejable pese al fuerte castigo que recibió en el primer tercio, el torero granadino anduvo templado y entonado, con fases de toreo hasta con gusto sin que el señor presidente atendiese finalmente una mayoritaria petición de oreja.
Alejandro Talavante, por su parte, estuvo intermitente con su primero, toro de viaje corto pero no malas intenciones y se mostró machacón e insistente con el sexto, el otro ejemplar del encierro, junto al primero, que bajó de la buena nota de conjunto, sin conseguir algo más que achuchones de un animal que no estuvo por la labor.
Paco Delgado
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