Alicante Miercoles, 18 de junio de 2008
 

Cuatro toros de Parladé y dos, primero y tercero, de Juan Pedro Domecq, justos de presencia y fuerza pero nobles y de buen juego en conjunto, destacando el corrido en cuarto lugar.

Pepín Liria (de pavo y oro), ovación y ovación con aviso.
Juan Bautista (de celeste y oro), ovación y vuelta al ruedo.
Matías Tejela (de grana y azabache), ovación y silencio.

Un tercio de entrada.


Pese a la bondad y muy agradable presencia de los toros lidiados, y a la natural predisposición del amabilísimo público alicantino -cuyo fervor por los toreros hizo que el balance final del festejo fuese bastante engañoso-, los diestros actuantes, muy conformistas, no acabaron de apurar las posibilidades de un encierro en conjunto noble y colaborador y que ofreció amablemente sus orejas sin que los de coleta aceptasen la ofrenda.

Pepín Liria sacó una primera faena limpia y templada en su fase inicial pero mucho más embarullada en el tramo final , pese a su ya conocida voluntad, no terminó de aprovechar el buen son que tuvo el segundo toro de su lote, en un quehacer un tanto reiterativo y que buscó encarrilar muy de cara al tendido.

Juan Bautista estuvo toda la tarde muy frío y distante, como si no fuese con él la cosa. Dio muchos muletazos a su primero, pero sin conexión ni apreturas, sin asumir compromiso alguno, no aclarándose después con el quinto, otro toro que no asustaba a nadie, acometedor y codicioso y al que, muy despegado, desplazó siempre hacia afuera.

Sólo al final de su primer trasteo Matías Tejela medio entendió al tercer toro de la tarde, un astado que empujó en el caballo y con el que se lo pensó mucho en una faena, como dirían los griegos clásicos, peripatética, que quiere decir con muchos pasesos. No calibró la energía del sexto y su faena fue deslavazada y sin contenido.

Paco Delgado


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