Alicante Martes, 17 de junio de 2008
 

Cinco toros de Marca y un sobrero, cuarto, de Manolo González. Faltos de fuerza y presencia y de muy poco o nulo juego.

Vicente Barrera (de blanco y azabache), silencio y silencio.
César Jiménez (de azul marino y oro), silencio y silencio con aviso.
Fco. Javier Palazón (de barquillo y oro), silencio en su lote.

De las cuadrillas destacó Domingo Navarro.

Un tercio de entrada.


Hacía mucho tiempo que en Alicante no se vivía algo parecido y cuesta recordar una tarde tan aburrida y sin nada, positivo, que anotar. Porque negativo hubo. Y mucho.
Para empezar, no es de recibo que se pierda más de media hora para devolver un toro -el primero de la corrida, que se partió un cuerno antes de que le dieran un capotazo- a los corrales. Luego habrá que achacar a la mala suerte el que el sobrero previsto para sustituirle se inutilizase en chiqueros, pero ¿a quién se le echa la culpa de que, al correrse turno, ese toro que finalmente abrió plaza fuese un absoluto inválido que no se tenía en pie? ¿Y que el segundo no tuviese ni trapío ni fuerza? ¿O que, en conjunto, la corrida de Marca, remendada con un sobrero de Manolo González, no tuviese entidad ni casta?

Tampoco los de coleta pueden irse de rositas. Vicente Barrera podrá poner la excusa de la inutilidad de su primero, pero anduvo huérfano de ideas y recursos con su molesto y probón cuarto. César Jiménez compuso una faena efectista y hueca a su primer ¿toro? y no acertó a medir ni controlar la fuerza del quinto, otro astado en miniatura, mientras que Francisco José Palazón vio como se esfumaba otra oportunidad tras sacar sólo algún muletazo suelto a su a la defensiva primero y arrimarse y arriesgar mucho con el manso que cerró plaza, aunque su labor no logró remontar el vuelo y terminó bastante desdibujada y plana.

Paco Delgado


Comentarios

Sin comentarios