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Toros de Guadalmena, el tercero como sobrero, mansos y manejables.
Pepin Liria, silencio y dos orejas. Vicente Barrera, ovación tras dos avisos y dos orejas. Matías Tejela, oreja y oreja.
La lluvia, que también quiso hacerse notar al día siguiente, fue la causante de que la corrida de beneficiencia comenzase con casi 45 minutos de retraso. Un festejo en el que también los toros de Guadalmena que se lidiaron acusaron el mal estado del suelo, lo que contribuyó a que su natural mansedumbre se acrecentase, siendo sólo los troos lidiados en cuarto y quinto lugar los que rrsultaron más acometedores.
Pepín Liria no tuvo opción alguna con su primero, un toro manso de libro que huyó constantemente y evitó la pelea, haciendo imposible, no ya el lucimiento, sino el poder sacar un sólo muletazo. El cuarto, en cambio, tuvo mucho mejor son y con él Liria estuvo como si iniciase ahora su carrera, mostrándose fácil y por encima de un noble oponente.
Vicente Barrera se hizo ovacionar al veroniquear al segundo, un toro sin clase pero más o menos obediente y al que compuso una faena templada y aseada, ejecutada en el tercio que era donde más se desplazaba un astado que, como la faena del valenciano, no terminó de romper. También se lució con el capote al recibir al más alegre quinto, con el que firmó otro trasteo muy de su estilo, vertical, de pies clavados a la arena y con ligazón.
Tampoco el tercero tuvo celo, desentendido y cobarde, buscando siempre la puerta de toriles y siendo finalmente devuelto, al parecer, por reparado de la vista. El sobrero que salió en su lugar fue más codicioso y se dejó pegar en el caballo, llegando ya a la muleta más apagado y echando la cara arriba, obligando a Tejela a tirar del astado hacia adelante para sacar todo lo que tuvo. Se defendió el rajado sexto y Tejela, todo voluntad, terminó por conseguir la oreja que le faltaba para acompañar a us colegas por la puerta grande.
Paco Delgado
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