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Toros de Benítez Cubero, preparados para rejones. Gordos y manejables.
Javier San José, silencio.
José Miguel Callejón, dos orejas.
Andy Cartagena, oreja.
Sergio Galán, silencio.
Iván Magro, silencio con aviso.
Leonardo Hernández, oreja.
Lleno.
Como ya es tradicional, la mañana del día de San José se ocupó con un festejo de rejones. También como ya es norma en tal fecha y ocasión, la plaza prácticamente se llenó -pese a que el cartel de este año fuese mucho menos atractivo que otros años- para disfrutar más de los caballos que de los toros y lo que con ellos se hiciese. Y, siguiendo con la tónica imperante en esta feria, en el palco presidencial hubo un criterio errático y sorprendente que, por ejemplo, recompensó con demasiada generosidad una no más que correcta actuación de José Miguel Callejón resuelta con un rejonazo caído. Minusvaloró, en cambio, lo hecho por un magistral Andy Cartagena, comedido, sobrio y templado en los primeros tercios y espectacular como siempre en el tramo final de una faena pletórica que fue premiada con sólo una oreja.
Otra se llevó Leonardo Hernández, muy elegante y fácil, entusiasmando con sus cabriolas ante la cara del toro y los adornos que completaron un quehacer impecable, citando de frente y con el pecho y procurando clavar siempre al estribo, dando todas las ventajas a un toro no sobrado de motor y del que sacó todo lo que tuvo.
Sergio Galán, que hizo una espléndida demostración de técnica y doma, apuró a un astado blando y con demasiados kilos aunque se demoró con el rejón de muerte, mientras que Javier San José abusó de hierros sin importarle la colocación ni ejecución de las suertes e Iván Magro, con un toro de muy poco fondo, cumplió una actuación excesiva y efectista, en muchos momentos más circense que otra cosa.
Paco Delgado
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