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Toros de Jandilla, justos de presentación, cómodos, escasos de energía pero nobles y manejables.
Rivera Ordóñez (de turquesa y oro), silencio y vuelta con petición.
El Juli (de noche y oro), oreja y oreja.
El Fandi (de perla y oro), silencio y dos orejas.
Lleno.
Raza, coraje, cabeza, amor propio y una técnica impecable e implacable fueron las bazas jugadas por El Juli para convertirse en el gran triunfador de la novena entrega del abono fallero, función en la que los cómodos toros de Jandilla, muy justos de todo pero manejables y dóciles, permitieron que sus matadores sacasen mayor partido de ellos.
La primera oreja de El Juli, de concesión un tanto generosa, llegó tras una faena necesariamente breve a un toro gordo y chico en la que evitó todo esfuerzo superfluo al animal y que coronó con una estocada de efectos fulminantes. La segunda, la que le permitió salir a hombros, fue concedida con toda justicia y merecimiento por un trasteo de corte derechista a un toro más tardo al que enseguida supo meter en la muleta y encelarle para ir sacándole muletazos de excelente factura que dieron forma a una faena poderosa y vibrante, metiéndose al final entre los pitones para apurar totalmente a su oponente.
Con el público ya lanzado, El Fandi se llevó dos orejas de muy distinto calado y para nada comparables a las obtenidas por Julián López. Tras poner en pie a los espectadores con un espectacular pero desigual tercio de banderillas, llevó a cabo una labor decididamente efectista y sin rigor, echando al toro siempre hacia afuera, y rematada, eso sí, con una estocada sin puntilla.
Ya con su primero exhibió sus portentosas facultades físicas al parear, aunque luego el toro sólo pudo aguantarle un par de series rapiditas y movidas.
También se pidió, ya puestos, una oreja para Rivera Ordóñez por una faena despegada y bastante deshilvanada a su noble segundo, habiendo dejado un primer trasteo de poco compromiso y calado a un toro sin fuerza pero sin complicaciones.
Paco Delgado
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