Valencia Viernes, 14 de marzo de 2008
 

Toros de Montalvo, desigualmente presentados y con poca fuerza, Tercero, cuarto y quinto tuvieron mejor son.

Pepín Liria (de hoja y oro), silencio y oreja.
Juan Bautista (de plomo y oro), ovación en su lote.
Matías Tejela (de botella y oro), palmas y silencio.

Tres cuartos de entrada.


No termina de despegar la feria de fallas y también se aburrió la mucha gente que acudió a presenciar el séptimo festejo del abono.
Hubo que esperar a que saltase al ruedo el cuarto toro de la tarde para que se fuese arriba la función y la plaza se desperazase. Una serie de derechazos de rodilla de Pepín Liria terminó de despertar al hasta entonces amodorrado público y, muy decidido, el murciano le fue dando fiesta a un toro al que cuidó mucho en el caballo y con el que intercaló tirones, recortes y regates con muletazos largos, limpios y templados antes de abrochar su faena ya claramente de cara al tendido, llevándose la, a la postre, única oreja de la corrida.
El más serio quinto manseó de salida y fue a su aire en los primeros tercios, pero, aún gazapeando, se arrancó de lejos a la muleta de Juan Bautista, que toreó con demasiada velocidad y, entre dudas y atragantones, sin mandar ni someter, acabó muy difuminado. Con todo, se le pidió una oreja por la gran estocada con que despachó a este astado.
Matías Tejela buscó agradar y no irse de vacío con el sexto, sin dejar que influyese en su ánimo el nuevo sainete que dio su cuadrilla en los dos primeros tercios, pero el toro se ancló pronto a la arena e hizo inútiles sus esfuerzos.
La primera mitad de la función discurrió anodina y aburrida, en parte por la sosería de los toros de Montalvo pero también hay que poner en el debe de los toreros un excesivo conformismo.
Liria toreó sin agobios a su primero con la derecha pero no se acopló al natural. Juan Bautista compuso una primera faena correcta y aseada pero muy fría y a menos, como su oponente, mientras que Tejela abusó de ahogar la embestida de su más brios primero, en un trasteo mortecino y al que nadie le echó cuentas.

Paco Delgado


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