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Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, justos de fuerza y bajos de raza pero nobles y manejables. Tercero y sexto tuvieron más complicaciones.
Vicente Barrera (de pimiento y oro), ovación con aviso y oreja tras otro aviso.
José Tomás (de rosa y oro), oreja tras aviso y ovación con dos avisos.
Tomás Sánchez (de vainilla y oro), vuelta al ruedo y silencio con aviso.
De las cuadrillas destacaron Ricardo González y Niño Belén.
Lleno.
La corrida de mayor expectación de la feria no se puede decir que terminase en decepción, tal y como reza la frase hecha, pero sí que dejó un cierto tufo a sí pero no. Para empezar no hubo el reventón que se esperaba -salvo algún incauto que pagó un disparate por un boleto en la reventa se pudieron comprar entradas en taquilla hasta el comienzo de la corrida- y, luego, José Tomás, indudable principal atractivo del cartel, excepto en aisladas y puntuales explosiones, cumplió una actuación más intermitente que un faro ante una corrida de Núñez del Cuvillo que, sin una presencia terrorífica, sí presentó más seriedad que los toros de Jandilla que lidió en Castellón aunque le faltase fuerza y un punto más de casta, pero con nobleza y bondad en casi todos los ejemplares del encierro.
Tras unos minutos de incertidumbre y cierto resquemor cuando, por inválido, fue devuelto el primer toro de la tarde, y tampoco el sobrero pareciese mucho más sólido, la función se enderezó cuando Vicente Barrera dejó respirar a su primer oponente y este se fue arriba, permitiendo al valenciano un faena típica en él, mayestática, vertical y muy templada pero a la que faltó un tranco final para prender en el público.
Luego, José Tomás puso en pie a la plaza con una media verónica de cartel y la piel de gallina a la concurrencia con un estatuario imposible, pasándose al toro a milímetros de la taleguilla antes de dar forma a un trasteo bastante irregular y desestructurado, con varios achuchones y desarmes pero con un tono general aguerrido en el que dejó un par de tandas al natural de impecable factura.
Atacó mucho y muy pronto a su segundo, al que obligó demasiado y terminó rompiéndole antes de tiempo, recurriendo después, terco y obstinado, al arrimón para levantar un quehacer hasta entonces largo y anodino que, no obstante, le hubiese valido la puerta grande de no haber fallado el puntillero.
Otra oreja se llevó Barrera del cuarto por una gran estocada tras una faena con muchos altibajos y que sólo tuvo ritmo e intensidad en su tramo final.
Por su parte, Tomás Sánchez pechó con el lote más complicado y desagradable de la corrida. Su primero se quedaba corto y buscaba las zapatillas, justificándose de nuevo con el sexto, un astado rebrincado y molesto, con peligro por el pitón derecho y con el que derrochó pundonor y ganas.
Paco Delgado
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