Valencia Martes, 11 de marzo de 2008
 

Toros de María José Barral, desiguales de presentación y con poca fuerza pero nobles, sobre todo primero, segundo y sexto.

Javier Rodríguez (de burdeos y oro), silencio con aviso y silencio.
Uceda Leal (de franciscano y oro), vuelta tras aviso y silencio.
Serafín Marín (de blanco y oro), silencio y palmas tras aviso.

Una tarde más brilló con luz propia Domingo Navarro. Saludaron tras parear Jonás Truchado y José Manuel Montolíu.

Media entrada.


Tampoco en la cuarta entrega de la feria de fallas se supo o pudo aprovechar la bondad del ganado y los toros lidiados se fueron al desolladero con todas las orejas puestas.
María José Barral lidió un encierro de desigual presencia y juego pero que, en conjunto, fue muy apto para que sus matadores hubiesen triunfado en mucha mayor medida. Su principal defecto fue la falta de fuerza, pero primero, segundo y sexto tuvieron la energía suficiente -y la blandura necesaria- para no asustar y la nobleza y bondad precisas para que con ellos se hiciese más de lo que se hizo.
Uceda Leal firmó lo mejor de la tarde, una faena a su primero elegante y de naturales de excelente trazo pero que no terminó de calar en la gente. El quinto fue más complicado, esperando, a la defensiva y pendiente del torero que sólo se justificó.
También gustó Serafín Marín, que si con su molesto primero apenas pudo justificarse, con el buen sexto compuso una faena de muy buen tono que fue perdiendo intensidad y rumbo a medida que se empeñaba en torear demasiado encima de su oponente, terminando por perder el hilo de su quehacer.
El lote de Javier Rodríguez fue ideal para torear sin apreturas ni apuros, dócil, pastueño y bonancible, sin que su matador, que, eso sì, estuvo mucho rato ante ellos y derrochó entrega, lograse demostrar algo más que ganas.

Paco Delgado


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