|
Cuatro toros de El Tajo y dos, primero y tercero, de La Reina. Desiguales de presentación y con poca fuerza pero manejables.
El Cid (de turquesa y oro), oreja y ovación.
Alejandro Talavante (de turquesa y oro), ovación con aviso y palmas tras aviso.
Cayetano (de aguamarina y oro), silencio y silencio con aviso.
Alcalareño fue ovacionado al parear al primero.
Lleno.
Coincidieron los tres diestros no sólo en la elección del color de sus ternos -¿no pueden ponerse de acuerdo para que no parezcan de uniforme?- sino también en no saber aprovechar la bondad y manejabilidad de los toros de José Miguel Arroyo, bajos de presencia y casta pero bondadosos y manejables, siendo su principal defecto la falta de fuerza.
El Cid, un tanto mecánico y como fuera de sitio toda la tarde, no terminó de acoplarse con su primero en una faena de más a menos que remató con una sensacional y contundente estocada que le valió la única oreja de la función.
El cuarto acusó el duro castigo que le propinaron en el primer tercio, empeñándose su matador en llevarle siempre por bajo pese a la escasez de energía que demostró el toro, no sintonizando finalmente ni con el astado ni con el tendido. Tampoco Talavante se adaptó a las condiciones de su lote, toreando muy encimista a su primero, que no admitía cercanías, y obligando demasiado al quinto, muleteando sin emoción ni chispa en un trasteo sin orden ni concierto.
Cayetano se conformó con una primera faena de detalles sueltos que nunca tuvo ritmo ni unidad y dejó machacar al sexto bajo el peto, tirando luego de alardes y efectismos pero sin conseguir hilvanar dos muletazos seguidos.
Paco Delgado
Comentarios
Sin comentarios
|