Castellón Viernes, 29 de febrero de 2008
 

Toros de Zalduendo, desiguales de presentación -los dos primeros bajaron más- y juego. Tercero, quinto y sexto dieron buen juego. El resto fue manso y soso.

El Juli (de obispo y oro), ovación tras aviso y palmas.
Manzanares (de rojo y oro), silencio y ovación tras aviso.
Miguel Angel Perera (de tabaco y oro), oreja y dos orejas.

Tres cuartos de entrada.


Hubo que esperar a que saliese el tercer toro de la tarde para que la gente dejase de hablar de José Tomás. Para ello hizo falta que Miguel Angel Perera se plantase en los medios y, quieto como un poste, instrumentase cinco pases cambiados por la espalda, aguantando una barbaridad, que acabaron encelando a un toro, hasta entonces manso y huidizo, que acabó entregado a la muleta de un torero que supo darle la distancia y el ritmo precisos para componer una faena inteligente y con empaque. Remató su labor con el sexto, el toro más completo de la corrida y con el que volvió a torear con mando, llevando siempre la iniciativa, bajando la mano y ligando, exprimiendo a un astado al que tampoco dejó rajarse y con el que terminó convirtiéndose en el gran triunfador de esta sexta función del abono magdalenero.
También gustó Manzanares, que supo dosificar la energía de su segundo para armar una faena intensa y a ratos con hondura, perdiendo el premio por matar mal. Con su soso primero, sin fijeza alguna, sólo pudo estar voluntarioso, al igual que El Juli, que pechó con el lote más deslucido de un encierro en conjunto muy desigual, sin presencia los dos primeros, justos de fuerza y de juego dispar. El madrileño derrochó ganas en vano con dos toros sin gas ni gracia.

Paco Delgado


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