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Cuatro novillos de Torres Gallego y dos, segundo y tercero, de Flores Albarrán, bien presentados y de en general buen juego.
Eugenio Pérez (de coral y oro), silencio tras aviso y vuelta tras aviso.
Guillermo Descals (de perla y oro), silencio tras dos avisos y vuelta con petición.
Sergio Ferrer (de celeste y oro), ovación tras aviso y ovación con otro aviso tras petición.
Comenzó la Feria de la Comunidad Valenciana con sorpresa. Una sorpresa agradable e inesperada que se personificó en la figura de Guillermo Descals, un novillero ya treintañero, con mucho tiempo sin actuar en público y que en su segunda novillada con picadores y vestido de luces puso la plaza boca abajo.
Apostó fuerte Serolo anunciándole en esta feria, pero la verdad es que ganó el envite. Quien más quien menos esperaba susto, carreras y vergüenza, pero el de Genovés -que ya con su primero anduvo muy tranquilo y, sin alardes pero sin apuros, estuvo digno aunque fallón con la espada- deslumbró con su segundo novillo, con el que cumplió una faena templadìsima y con ligazón, quedándose muy quieto y pasándose muy cerca al astado en un trasteo breve pero intenso que de haber rematado con el estoque le habría valido la puerta grande.
Eugenio Pérez, muy puesto y con el oficio bien aprendio, supo corregir los defectos de su segundo para sacar un quehacer asentado y valiente, si bien su tardanza en matar también le privó de premio, como antes le sucedió con su primero, al que toreó con aseo y suficiencia.
Sergio Ferrer derrochó voluntad y ganas con su parado primero y también lo dio todo con el sexto, un novillo reservón peroi que acabó embistiendo y sometido a la insistencia de su matador, que muleteó con intermitencia pero indudable buena intención.
Paco Delgado
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