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Cinco novillos de Montalvo desiguales de presentación y de buen juego en general. Al 1º se le dio una benévola vuelta al ruedo.
Pepe Moral: vuelta al ruedo tras aviso y oreja
Rubén Pinar: oreja y vuelta al ruedo tras aviso
El rejoneador El Cartagenero: vuelta al ruedo tras aviso
Tuvimos que esperar hasta el final para ver las actuaciones más macizas del serial. En realidad la última novillada era la programada en primer lugar, que había sido aplazada a causa de las tormentas. Valió la pena esperar, aunque la dicha no fue completa. Y no lo fue por dos simples razones. La primera el deficiente uso de los aceros, que impidió que se cortasen más orejas, y la segunda el exceso de castigo en varas que sufrieron los dos últimos novillos, que provocó que se apagaran antes de lo deseable. Sí, pudo ser un festejo triunfal; más, pudo ser sin duda la tarde de los triunfadores absolutos de la Feria, a pie y a caballo. Pudo haber sido pero no fue.
Fue también la única tarde de todo el ciclo que se toreó bien de capa a los cuatro novillos, especialmente Pepe Moral a su segundo. Pero muleta en mano brilló sobremanera con el que abría festejo. Buen ejemplar, aunque justo de fuerzas, al que se premió con la vuelta al ruedo pese a que acabó rajándose. Antes de que se acobardara, Moral firmó una faena repleta de temple, de ligazón y también de variedad. Tan a gusto estuvo el sevillano que acabó alargando en demasía su quehacer, y lo que es peor, demorándose con el estoque cuando tenía el triunfo en la mano. Sin duda, la labor más compacta del serial.
Sin embargo cortó una oreja del cuarto, al que realizó una faena menos limpia. Quizá se equivocó picándolo en demasía, lo que provocó que el novillo protestase en todo momento y que se apagara pronto. Lo que resultó incuestionable fue la entrega y la decisión de Moral, que esta vez se atracó de novillo al entrar a matar.
Rubén Pinar también dejó que castigasen fuerte en varas al último de la tarde. Luego sufrió las consecuencias, pues el astado se quedaba a medio viaje resistiéndose a ir más largo. Pese a la dificultad hubiera tocado pelo de no demorarse con los aceros, ya que el público estaba por la labor de premiar tanta entrega y disposición como mostró a lo largo de todo el festejo.
Antes había cortado una oreja también a base de raza, intentando templar los secos tornillazos que lanzaba su primero a la salida de cada pase. Pinar se mostró firme y tesonero, aunque se empeñó en obligar por el pitón izquierdo a un animal que embestía al paso pero con menor violencia por el izquierdo.
Igualmente tuvo el éxito en sus manos el rejoneador El Cartagenero, que hizo las delicias del público gracias su toreo espectacular y siempre vibrante. Citó dando el pecho de las cabalgaduras, arriesgó en quiebros, clavó arriba y realizó un manojo de piruetas de 360 grados en la misma cara del burel. Lástima que lo echase todo a perder con los aceros.
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