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Toros de Los Bayones, muy serios y con cuajo. Faltos de fuerza y mansosnes pero nobles y manejables, buenos para los toreros.
Angel de la Rosa (de burdeos y azabache), oreja y ovación tras dos avisos.
Tomás Sánchez (de botella y oro), ovación tras aviso y dos orejas.
El Renco (de tabaco y oro), vuelta y ovación de despedida.
De las cuadrillas destacaron Niño Belén, José Casanova y José Muñoz.
Menos de un tercio de entrada.
Se cerró la feria de julio con un festejo fuera de abono en el que se lidió un encierro de Los Bayones serio y cuajado que, aunque justo de fuerza y mansón, en conjunto fue noble y manejable, sirviendo para que tres toreros modestos se reivindicasen.
Angel de la Rosa volvió a disfrutar de una nueva oportunidad en Valencia y otra vez demostró sus buenas maneras pese a que su primer toro, serio y basto, no anduvo sobrado de fuerza, quedándose enseguida corto y embistiendo a regañadientes, sin entrega alguna. Dejó patente su solvencia con el cuarto, un toro cambiante que llegó al último tercio con buen son y al que sacó una faena de perfecto desarrollo, dándole al toro siempre el sitio y la distancia precisos pero fallando con la espada.
También se pidió otra oreja para El Renco, cuyo primer toro echó las manos por delante y, aunque justo también de fuerza, tuvo nobleza y afán repetidor, permitiendo al alicantino una faena muy templada, sobre todo, cuando toreó por el pitón derecho ya que al natural, al toro le costó más. No quiso irse de vacío y salió a por todas con el sexto, un toro áspero y con genio que le dejó desairado con el capote y que llegó brusco a la muleta, pendiente siempre de un torero que apenas tuvo opción de lucimiento.
No lo tuvo fácil Tomás Sánchez con su primero, un toraco que le apretó en banderillas y embestía sin humillar y a cabezazos, pensándoselo mucho antes de acometer. No volvió la cara el de Rocafort, que lo intentó hasta completar una faena valiente. Se lució al banderillear al quinto, otro astado bonancible aún sin humillar, con el que derrochó ganas en otra faena en la que estuvo siempre entregado y sacando todo lo que tuvo su antangonista, volcándose luego sobre el morrillo para asegurar una más que justa salida a hombros que le convierte en uno de los triunfadores de la feria y debe valerle para algo más que para tener argumentos para pedir que lo pongan en fallas.
Paco Delgado
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