Valencia Martes, 24 de julio de 2007
 

Novillos de Hermanos Collado Ruiz, muy cómodos, faltos de fuerza y raza.

Juan Luis Rodríguez (de blanco y plata), ovación y silencio tras aviso.
Miguel Giménez (de púrpura y oro), silencio tras aviso y silencio.
Miguel Tendero (de rojo y oro), vuelta por su cuenta y oreja.

De las cuadrilas destacaron Sergio Pérez, Niño Belén y Palomo.

Menos de un tercio de entrada.


Parecía que estaba escrito que la segunda novillada de la Feria de Julio pasaría sin pena ni gloria. En un principio se había previsto que fuese la final de un concurso que se quedó sin finalistas, y en su definitivo formato tampoco tampoco hubo mucho que rascar ya que los novillos de Hermanos Collado Ruiz, tan cómodos como faltos de raza, apenas dieron opciones a sus matadores.
Protestó mucho en el caballo el novillo que abrió plaza, acostándose siempre por el pitón derecho y quedándose también corto cuando lo pusieron a prueba por el izquierdo. Tiró derrotes al cuello y estuvo pendiente de Juan Luis Rodríguez, que derrochó voluntad y volvió a demostrar su capacidad y solvencia con el cuarto, un astado al que le costó acudir a la muleta, teniendo que robarle los muletazos en una faena pulcra pero sin brillo.
Muy atropellado fue el saludo con la capa de Miguel Giménez a su primero, un novillo cómodo y que dejaba estar, con el que le fue difícil entrar en materia, cumpliendo un trasteo deslavazado y plano. El quinto apenas tuvo gas para seguir el engaño, sin permitir al novillero valenciano dar apenas un muletazo, aunque tampoco el de luces puso mucho empeño.
Lo mejor de la labor de Miguel Tendero a su primero fueron las verónicas con las que le recibió. Luego sacó una faena afectada y con muchos tiempos muertos. El sexto tuvo más motor, lo que aprovechó para pergeñar una faena a la que faltó profundidad y sobró alivio y gesticulación.

Paco Delgado


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