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Cuatro toros de El Torreón, uno, quinto, de La Dehesilla, y otro, sexto, de José Luis Pereda. Conjunto de poca fuerza y menos juego.
José Calvo (de azul noche y oro), ovación en su lote.
Fernando Cruz (de azul noche y oro), silencio con aviso en los dos.
Ambel Posada (de blanco y plata), silencio tras aviso y silencio.
Saludaron Domingo Navarro y Antonio Peinado.
Alrededor de un tercio de entrada.
La feria llegó a su ecuador con un festejo bastante plano y aburrido en el que la poca fuerza y menos juego de los toros lidiados no fueron todos los motivos para que la quinta función del abono fuese un tostón.
De lo más destacable de la tarde, o de lo poco, fue la labor que llevó a cabo José Calvo a su primero, al que compuso una faena en la que hubo fases de toreo templado y mano baja, dejando ver sus buenas maneras y clase pero que acabó estropeando al demorarse con el verduguillo. Peor suerte tuvo con el cuarto, un toro que, mal que bien, tomó el engaño por el pitón derecho pero no pasó nunca por el izquierdo, obligando a Calvo a tirar siempre de él antes que, de repente, cayese fulminado sin que el valenciano tuviese tiempo ni siquiera para montar el estoque.
El primer toro de Ambel Posada se iba al suelo al requerirle el más mínimo esfuerzo, por lo que tan sólo puso sacar algún que otro muletazo de forma aislada. El sexto pareció tener mejor son pero enseguida comenzó a pararse, quedándose corto y poniéndose a la defensiva. Antes el pacense compuso una primera mitad de faena rapidita y limpia.
No fue la tarde de Fernando Cruz,que no se acopló para nada con su brusco primero, con el que nunca estuvo a gusto, pasando no pocos apuros con el serio y astifino quinto, un toro que desparramó la vista y no humillo con el que anduvo acelerado y nervioso, sin argumentos y sin poderle en ningún momento.
Paco Delgado.
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