Valencia Viernes, 20 de julio de 2007
 

Toros de Fermín Bohórquez, justos de fuerza y en general mansos y poco acometedores. Al quinto se le dio una inexplicable e inmerecida vuelta al ruedo.

Fermín Bohórquez, silencio y palmas.
Hermoso de Mendoza, oreja y dos orejas con petición de rabo.
Andy Cartagena, ovación tras aviso y silencio tras otros dos avisos.

Gustaron mucho las maneras y detalles de Enrique Céspedes, auxiliador de Cartagena.

Alrededor de tres cuartos de
entrada.


La plaga de la falta de fuerza de los toros amenaza también con invadir el ámbito del toreo ecuestre. Y aquí no hay picadores machacatoros ni petos demoledores a los que echarle la culpa.
Pero, pese a la poca energía que exhibieron los toros de Bohórquez -el primero tendría que haber sido devuelto por su ,manifiesta invalidez-, y a la general mansedumbre de que hizo gala la mayoría de los ejemplares que salieron al ruedo, esta corrida quedará marcada por la magistral actuación que firmo un inconmensurable Pablo Hermoso de Mendoza, para quien se pidió el rabo de su segundo oponente, un toro manso de libro al que, en cambio, se premió con una nada justificada vuelta al ruedo. Un astado que salió muy distraído y buscando la huida en todo instante, sin querer pelea en ningún momento y al que el rejoneador navarro enceló a base de ponerle la cola de ?Chenel? a modo de muleta en la cara, llevándole a dos pistas pegado a la grupa y entusiasmando a la concurrencia con unos inverosímiles quiebros en un palmo de terreno, poniendo a la plaza en pie en el tramo final de su actuación con cabriolas y adornos de ejecución impecable y admirable, completando una gran tarde que ya había apuntado importante haciéndole todo él ante su desentendido primero.
Cartagena lo intentó todo y de no haber alargado sus faenas -y fallar con el rejón de muerte- también habría salido a hombros, mientras que Fermín Bohórquez pasó desapercibido.

Paco Delgado


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