Las Ventas Martes, 22 de mayo de 2007
 

Un toro de La Palmosilla, otro de Martelilla, uno de La Ventana de El Puerto y tres de El Puerto de San Lorenzo, complicados. El cuarto fue el mejor del encierro.

Juan Bautista, silencio y oreja
Sebastián Castella, aplausos y oreja protestada tras aviso
Ambel Posada, que confirma alternativa, silencio en su lote


LO NUNCA VISTO
Ricardo Díaz-Manresa


Sí, lo nunca visto, pero no por lo que se imaginan. No sé si iré contracorriente, supongo que sí, porque esto está del revés, como casi todo, y yo intento ir por derecho. Desde mi independencia de siempre escribo que las orejas concedidas a Juan Bautista y a Castella fueron las que yo denomino del siglo XXI, por mucha épica y agua que hubiera, orejas que desprestigian a la plaza de Madrid y a cualquier espectáculo que se precie. Las dos, sí, pero sobre todo la de Castella, que entregó al peón visto lo visto.

La inclusión de Bautista fue premio excesivo a su actuación anterior. En esta corrida, gafada, como siempre, con la etiqueta de la Prensa pero que no es de la Prensa, se sobrepuso al ambiente infernal y no cejó ?gran mérito- pero salvo el valor no vimos nada excepcional. Y, matando, a lo que salga, que todo vale y los intentos que sean necesarios. Tampoco nos fijaremos donde cae la espada, con tal que sea en lo negro. No pasa nada.

Lo de Castella ?tras su terrorífica cogida- hay que valorarlo profundamente. Un torero que es hasta ahora el máximo triunfador de San Isidro, tiene 80 corridas ya firmadas y está en todas las ferias, jugársela así, a veces a lo loco, es incoherente, ilógico y hasta suicida, pero por eso tiene mérito, además de estar en un fangal. Un gran ejemplo para los que se esconden. Pero tras el arrebato de valor, gran ejemplo, insisto, fallar así con la espada, caída, y el descabello (4 veces por lo menos) no da derecho a oreja de Madrid, sí de pueblaco.

Los otros dos toros de los franceses están ahí, grabados en la televisión, y podemos comentarlos con quien quiera donde quiera. Verán lo que hicieron. Los de la oreja, también. Las imágenes de la televisión no engañan a nadie. Los comentarios, sí. Las imágenes certifican la verdad, pese a los voceros oficiales. Los que estábamos en la plaza, en ambiente, captamos la emoción, el sentimiento, la algarabía y la locura incontrolada. Y la sobrevaloración de lo bueno y el olvido de lo malo.

A Ambel Posada le invitaron a una gran fiesta ?un único día del mes- y le salió mal. Seguramente porque no está acostumbrado.

En fin, la España que votó las orejas -¡qué razón tenías Ortega y Gasset!- es la España que votará el domingo. Unos sabiendo y otros no, unos pensando y otros no, unos con sensatez y otros con rabia.



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