Las Ventas Jueves, 17 de mayo de 2007
 

Tres toros de Gavira, dos de El Cortijillo y otro de Couto de Fornilhos, deslucidos.

Antonio Ferrera, pitos tras aviso y ovación
Serafín Marín, silencio en los dos
Salvador Cortés, silencio tras aviso en ambos



UN TORMENTO
Ricardo Díaz-Manresa



Otro día que nos tocó sufrir, pero no sólo de aburrimiento. Salíamos de la plaza a las diez menos diez de la noche, tras casi 3 horas de estar sentados en una piedra, sin poder colocar la espalda y sin prácticamente sitio para los pies. Un suplicio en estos recintos con ?comodidades? de hace siglos para un siglo que al menos es cómodo en casi todos los espectáculos menos éste. Esperanza Aguirre, que fuera de los toros dicen que lo hace bien, pero en los toros rematadamente mal, no piensa realizar lo más urgente y lo único necesario : la reforma de la plaza, que consiste en reducir localidades, poner más pasillos en tendidos, alguno en gradas y andanadas y darle más centímetros a los asientos, colocar respaldos y dejar sitio para poner los pies. Sólo las barreras y las delanteras de grada son cómodas. Lo demás, un suplicio.

Y más suplicio viendo a Ferrera, Marín y Cortés, que además alguno que otro toro fue potable. Pero Antonio Ferrera es un gran recortador, magnífico contorsionista, mal banderillero, deficiente muletero y encima hoy un desastroso espadachín. A Serafín Marín se le ha ido el tren, parece que se acuerda de Ajalvir y no lo encontramos capacitado para resolver el problema taurino de Cataluña ni el de Barcelona, ambos gordos. Bastante tiene con el suyo. En cuanto a Salvador Cortés, mi querido ?puteado Cortés?, la Puerta del Príncipe de Sevilla fue un espejismo de una tarde de primavera.

Pero, en fin, como yo lo que decía a un amigo en la plaza : en ninguna otra parte vamos a ver 9 toros si has pagado por 6 y, además los del sol, tienen sombra desde las ocho y media? Un chollo?







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