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Cinco toros de Salvador Domecq y uno, el sexto, de José Luis Pereda, desiguales de juego.
César Jiménez, silencio y silencio tras aviso
Serafín Marín, silencio y silencio tras aviso
Matías Tejela, oreja y oreja protestada
DECLIVE
Ricardo Díaz-Manresa
Lo vengo anunciando hace años y es fácil hacerlo sólo con mirar lo que está pasando. Las orejas de Madrid del siglo XXI son de tómbola. Miren las puertas grandes y el número de ellas concedidas sólo este año en Las Ventas. Pues bien, otra vez llegaron los regalos que, como en el caso de Valverde, tampoco le servirán a Tejela de mucho. Seguirá en segunda posición dando tumbos.
La terna era del sí, de la esperanza, del no, del parece que no rompen, de los que hay que esperar, de los que no sabemos o ya veremos y, sobre todo, de los que no han podido dar el paso adelante, aunque entre dos de ellos ya llevan cuatro puertas grandes en Madrid. Se dice pronto.
Del polémico regalo, del público entontecido, del declive de Madrid ?ya imparable- se hablaba a la salida. No de torear.
Es verdad una vez más que las plazas de toros son un reflejo del estado de la nación. A este paso hasta yo, que no he toreado más que un par de veces en tentaderos a dos famélicas vaquillas y tengo años y kilos de más voy a salir a hombros de Las Ventas.
Habrá muchas como ésta, escribí hace días. Habrá más todavía, escribo hoy. La cuesta abajo está ahí. ¡Viva el declive! que grita el sabio pueblo español
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