Algemesí Sabado, 18 de septiembre de 2010
 

Novillos de Marcos Núñez, el primero corrido como sobrero y el tercero preparado para rejones. Conjunto de desigual presencia y juego, destacando el segundo.

Juan Cervera (de rojo y oro), silencio y silencio con aviso.
Jesús Duque (de blanco y azabache), oreja y ovación con aviso.
Debutó con picadores.
Sergio Vegas, vuelta al ruedo por propia iniciativa.

De las cuadrillas destacó Sergio Pérez, banderilleando al segundo y en la brega con el quinto.

Lleno.


Comenzó la feria, con amenaza de agua y con la esperanza de que en la plaza los aspirantes a matador demuestren lo que valen.

Y, en este arranque ferial, al menos hubo un novillero que dejó claro que quiere llegar lo más lejos posible. Se trata de Jesús Duque, un chaval de Requena, formado en la Escuela de tauromaquia de Valencia y que en esta función hizo su presentación con picadores. Un debut francamente afortunado y saldado con una oreja, aunque de no haber fallado con la espada al matar al quinto de la tarde y si su primer novillo no hubiese tardado tanto en doblar pese a estar herido de muerte, hubiese salido a hombros en su primera novillada picada. Y lo hubiese hecho con toda justicia.
Se lució al recibir de capa a sus dos oponentes, así como al llevarlos al peto y en los quites correspondientes. Luego, muy decido, echó las rodillas al suelo para comenzar su primera faena, en la que estuvo muy firme, adelantando siempre la muleta y procurando llevar al astado muy toreado en series largas que buscó ligar, templando y bajando mucho la mano, aunque al natural bajó algo el nivel.
Con el que cerró plaza, más justo de fuerza y al que le costó más seguir el engaño, llevado de sus muchas ganas terminó pasándose de faena, lo que le acabó pasando factura a la hora de matar. pero, con todo, dejó muy buena impresión y mostró un esperanzador concepto y una gran disposición, que no es poco.

El primer novillo del serial se rompió un pitón al derrota contra las tablas nada más hacerse presente en el ruedo y fue sustituido por un sobrero cuajado y serio que manseó en el caballo y complicó la vida a los banderilleros. No fue tampoco un ejemplar para ponerse bonito ni hacer virguerías, con genio y midiendo mucho a Juan Cervera que no se aclaró para nada con él. Tampoco se centró con el cuarto, muy frío y distante y sin meterse para nada con el novillo.

A Sergio Vegas le correspondió un astado manso y desentendido, más pendiente del capote de los auxiliadores que de los caballos del vallisoletano, al que fue imposible hacerle embestir, teniendo que clavar a traición y por la espalda.

Paco Delgado


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