Alicante Domingo, 27 de junio de 2010
 

Toros de Murube, desiguales y de gran juego.

Rui Fernández, división de opiniones tras dos avisos y oreja.
Andy Cartagena, oreja con petición y oreja con petición y dos vueltas al ruedo.
Leonardo Hernández, oreja y oreja.



Con una corrida de rejones se cerró la feria de Hogueras 2010, lidiándose con encierro de Murube, desigual de presentación, dado que los toros lidiados procedían de hasta cuatro sementales distinos, pero que dieron muy buen juego, yendo siempre a más.

Andy Cartagena, al que le concedieron dos orejas pero le pidieron con mucha fuerza otras dos, fue el gran protagonista, rejoneando con temple y eficacia pero sin renunciar a su clásica espectacularidad y evidenciando un absoluto dominio sobre sus cabalgaduras y sobre los toros que ha lidiado.
Su primero manseó de salida y, con habilidad y destreza, fue enseñando a embestir, sin dejar que se rajase en el segundo tercio, en una lidia muy laboriosa en la que clavó de manera desigual, luciendo, sobre todo, al hacerlo al violín y a dos manos a lomos de "Maravilla" y "Bisbal".
Paró con eficacia al quinto, otro toro con templanza en sus acometidas, utilizando ahora a “Cañero” y “Pericalvo” para protagonizar un segundo tercio en el que entusiasmó con una monta impecable y un absoluto dominio sobre sus monturas y el toro, matando también de manera fulminante y siendo abroncado el presidente por no conceder más premio al rejoneador benidormí.

También el público cosiguió una oreja para Leonardo Hernández por una labor bastante irregular a su primer toro, muy distraído de salida pero que fue muy a más sin que su matador terminase de acoplarse, si bien hubo un par de banderillas más asustado, matando luego de un rejonazo muy bajo y trasero.
Muy animoso y dispuesto estuvo con el que cerró plaza, toro más parado pero que respondió cuando le enceló, exigiéndole mucho en una labor en la que procuró citar de frente y clavar al estribo y que ahora si remató con acierto.

Rui Fernández, que tardó muchísimo en matar a su primero, anduvo más efectista que oira cosa en ese su primer turno de actuación, con numerosos desajustes y falta de acople entre las partes.
Con el cuarto, con el que hubo más reunión, estuvo más entonado y como ahora estuvo acertado con el rejón de muerte pase´ò una oreja para que no se fuese de vacío.

Paco Delgado


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