Valencia Domingo, 09 de mayo de 2010
 

Novillos de La Quinta, desiguales de presentación y sin terminar de romper. Segundo y quinto fueron los de mejor son.

Miguel Gimènez (de berenjena y azabache), silencio tras aviso y oreja tras otro aviso.
Thomas Duffau (de pùrpura y oro), silencio con aviso y oreja.
Juan Sarrión (de purísima y oro), silencio en su lote.

Muy poca gente,


Tampoco la novillada con que se cerraron los festejos organizados con motivo del Día de la Virgen tuvo excesiva historia, siendo,quizá, la intensa lluvia que se sufrió durante una hora, lo más noticiable de un festejo que discurrió bastante plano.
El encierro dd La Quinta, desigual de presentación aunque con clara tendencia a la baja, a pesar de su procedencia Santa Coloma, no terminó de romper aunque sí que tuvo más posibilidades de las que sus matadores aprovecharon, sobre todo dos novillos, los corridos en segundo y quinto lugar.
Con el mejor lote d ela tarde, el francés Thomas Duffau, que debutaba en Valencia, se lució al torear de capa y demostró maneras, verticalidad y cierto sentido del temple, aunque también frialdad.
Su primero, que embistió con nobleza y claridad le permitió apuntar aquellas cualidades antes de apagarse demasiado pronto, mientras que con el quinto estuvo más embarullado, cumpliendo un trasteo muy irregular pero que fue premiado con una generosas oreja, puede que por su tesón y por la eficacia estoqueadora.
Otra oreja paseó Miguel Giménez del cuarto, astado que se quedaba corto y bajo la tela, por lo que el Puebla de Vallbona optó por los efectismos, llevándose aquella oreja por una estocada contundente y fulminante. Con su primero estuvo casi siempre mal colocado, permitiendo muchos enganchones y sin acoplars nunca a la velocidad del novillo.
También el castellonense Juan Sarrión se presentó en esta plaza, evidenciando estar todavía muy nuevo. El tereceo, aún sin humillar, embistió y fue repetidor, sin que el novillero se confiase en ningún momento y no pudo con las muchas complicaciones que presentó el que cerró plaza, pegajoso, tobillero, andarín y siempre pendiente de un novillro que bastante hizo con acabar con su lote.

Paco Delgado


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