Valencia. Matinal Viernes, 19 de marzo de 2010
 

Toros de San Pelayo, muy desiguales de presentación y de juego variado.

Antonio Domecq, silencio con aviso.
Rui Fernández, dos orejas.
Alvaro Montes, ovación.
Sergio Galán, oreja.
Leonardo Hernández, oreja.
Manuel Lupi, oreja.

Tres cuartos de entrada.


La tradicional corrida de rejones de la mañana del día de San José se vio deslucida no sólo por la lluvia que molestó mucho en el arranque del festejo. Los rejoneadores, con las pertinentes excepciones, ante un encierro de Niño de la Capea con el hierro de San Pelayo, de tan desigual presencia como juego, parecieron confundir el ruedo del coso de Monleón con una pista circense. Los rejoneadores y buena parte del público, que premió a Rui Fernández con dos increíbles orejas por una faena en la que los protagonistas fueron cada uno por su lado y en la que hubo, eso sí, numerosas levadas, cabriolas y bailecitos de los equinos a kilómetros de la cara del toro.

Mucho más consecuentes fueron las orejas concedidas a Sergio Galán, muy templado y sobrio, sin alharacas ni exhibiciones gratuitas, pudiendo, tal como estaba el listón, haber obtenido mayor recompensa de haber matado antes.

Otra oreja se llevó Leonardo Hernández, que sacó todo lo que tuvo un toro muy parado y que le obligó a arriesgar mucho. Y con la mañana ya lanzada, otra oreja se llevó el debutante Manuel Lupi, que dejó ver maneras pero que no pasó de discreto.

Alvaro Montes, que tuvo un vibrante comienzo parando al toro con la garrocha, fue a menos y Antonio Domecq se eternizó en una actuación que no interesó a nadie.

Paco Delgado


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