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Toros de Fuente Ymbro, bien presentados y serios. Nobles y manejables en conjunto.
César Jiménez (de rosa pálido y oro), oreja con aviso en los dos.
Matías Tejela (de perla y plata), ovación y silencio.
Luis Bolívar (de azul noche y oro), ovación tras aviso en su lote.
Tres cuartos de entrada.
Poco poso dejó el quinto festejo del abono fallero. Y, al contrario del día anterior, ahora la culpa no se puede achacar a los toros, pues el encierro de Fuente Ymbro, muy bien presentado, sin estridencias pero con su seriedad, embistió y resultó manejable en una proporción que justificaba y daba muchas papeletas para el triunfo.
Un triunfo que no se hubiese producido de no ser, en cambio, por el acierto estoqueador de César Jiménez, que salió a hombros gracias a las dos orejas que se llevó -una por toro- tras sendas estocadas de efectos fulminantes. Sin embargo lo hecho con anterioridad no da para muchas alegrías y su actuación no quedará para el recuerdo. Con su bonancible y noble primero se empeñó en ponerse muy cerca y aunque logró muletazos de buen trazo el conjunto quedó difuminado mientras que con el cuarto, también con grandes dosis de nobleza, se perdió en un trasteo largo y pesado, con abundantes paseos y tiempos muertos inútiles que hicieron de su faena un conjunto deslavazado y muy disperso.
Bolívar puso ganas pero le faltó calidad, aunque de haber acertado al matar al sexto también hubiese tenido premio en tanto que Tejela no justificó para nada su inclusión en la feria, por la que pasó como una sombra.
Paco Delgado
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