|
Novillos de Torres Gallego bien presentados pero deslucidos. Destacó el tercero.
Alejandro Esplá (de azul pavo y oro): silencio y silencio tras aviso
Luis Miguel Casares (de obispo y oro): silencio tras aviso y silencio
José Arévalo (de caña y azabache): silencio tras dos avisos y silencio tras aviso
Comenzó la feria con el termómetro de capa caída. Los aficionados más mayores iban sumergidos en abrigos, gabanes y tabardos de toda índole, y los más jóvenes empacados en anoraks, plumíferos y polares. Bufandas, guantes y gorros eran las prendas más repetidas en los tendidos, y aún así el frío se colaba en el cuerpo invitando a mantener las manos metidas en los bolsillos. Quizá por eso se aplaudió poco en la novillada de ayer; por eso y porque tampoco lo realizado en el ruedo desprendía demasiado calor.
No ayudaron los ejemplares de Torres Gallego, que envió una novillada muy justa de raza y de clase. Se salvó de la insulsez general el tercero, un animal con prontitud y recorrido que embistió con transmisión a pesar de haber recibido una lidia estresante. El resto lo mismo perseguían la muleta hasta el final que se quedaban a medio viaje, igual metían la cara que pegaban tornillazos, unas veces se abrían hacia fuera y otras se acostaban peligrosamente, en ocasiones repetían las embestidas y otras salían distraídos.
Abrió cartel Alejandro Esplá que sobresalió en varios pasajes toreando al natural y que demostró desparpajo, variedad y clarividencia, aunque la falta de fuerzas de su oponente restó importancia a su labor. Al segundo de su lote, que embistió rebrincado y calamocheando, le dedicó demasiado tiempo.
Muy dispuesto salió a la plaza Casares. Por momentos meció el capote con gusto y ritmo, incluso replicó a cada quite en el que participaba su compañero de terna Arévalo, aunque demasiado embarullado. Gustó más en su primero, con el que mostró firmeza y autoridad, y nada pudo hacer frente al quinto, que salía con la cara por las nubes.
Aguerrido, voluntarioso y acelerado; así se vio a José Arévalo. Se fue a portagayola, quitó por faroles de rodillas, clavó banderillas de mil maneras... pero la baza de la entrega y la variedad no será suficiente aval para alcanzar mayores cotas profesionales si no rebaja una marcha a su toreo. Es tiempo de perder cantidad en favor de calidad, de ganar fondo en detrimento de la forma. Nadie duda que valor y condiciones tiene para hacerlo.
Finalizó la novillada y las manos de los aficionados continuaban en los bolsillos; salvo las de mi compañero de localidad, que no paró de estornudar.
Carlos Bueno.
Comentarios
Sin comentarios
|