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Toros de la ganadería de Cuadri, de escasa transmisión. Destacó la nobleza del primero, el cuarto y el quinto.
Antonio Fernández Pineda, de rosa y oro, ovación y división al saludar tras dos avisos.
Serafín Marín, de verde manzana y oro, silencio tras aviso y ovación tras aviso.
Manuel Escribano, de rosa palo y plata, ovación y saludos.
Dos tercios de plaza. Casi tres horas duró el festejo.
Fernández Pineda pudo tocar las teclas de una suave melodía y seguir seduciendo con su bello toreo, que antes parecía oscuro y huidizo y ahora lo quiere mostrar impregnado por matices de formas virtuosas y muy sevillanas, si sus piernas no hubiesen protestado del esfuerzo que le suponía atacar en la embestida tarda, aunque clara y dulzona, del primer toro de los herederos de Celestino Cuadri. El sevillano de La Puebla del Río se ajustó antes con la capa en templadas verónicas y anunció venir dispuesto a no dejar pasar este otro tren de la oportunidad en su plaza de Sevilla.
Su toreo complace por su formas y provoca la admiración de lo bien hecho, pero hoy, con este toro, le faltó continuidad y seguridad en sí mismo para resolver la dificultad de la tarda embestida implícita en la escasa casta del toro de Cuadri. Y aunque Fernández Pineda engarzó algunos muletazos, tanto a derechas como a izquierdas, con buena estética, naturalidad y buen temple, la faena no alcanzó la altura deseada. La estocada algo baja, precedida de pinchazo puso fin a un trasteo que supo a poco.
También al tercero, otro de los toros de los ganaderos onubenses que tomó los engaños con claridad manifiesta, lo toreó Fernández Pineda con naturales de trazo irreprochable pero con demasiada intermitencia en la continuidad de la faena. Al diestro de La Puebla le costaba enganchar la embestida y dejarle después el engaño muy cerca de los pitones para hilvanar lo muletazos. Los espacios muertos se sucedieron y la paciencia del espectador terminó cansándose. Trasteo largo con escasos momentos emotivos y mal rematado con los aceros.
Manuel Viera
TorosComunicación
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