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Toros de Marqués de Domecq, bien presentados y manejables.
Vicente Barrera (de pimiento y oro), silencio, silencio con aviso y oreja.
César Jiménez (de tabaco y oro), ovación, oreja tras aviso y silencio.
Media entrada.
La feria de octubre, la también llamada Feria de la Comunidad Valenciana, se cerró con una corrida que, tras la negativa de la empresa a cubrir la vacante dejada por el herido Miguel Tendero, quedó en un mano a mano entre Vicente Barrera y César Jiménez. Mano a mano sin alicientes ni justificación y que así se demostró. Ni la gente se interesó por él -la plaza apenas se cubrió en su mitad- ni el resultado fue lo que se dice brillante. Todo lo contrario, habida cuenta de que se lidió una corrida de Marqués de Domecq muy bien presentada, con ejemplares serios y astifinos, y que en conjunto -y aún sin tener un gran fondo- resultó manejable y dócil y dejó estar.
César Jiménez se llevó la primera oreja de la tarde por una faena deslavazada y por debajo del buen cuarto toro, pareciendo que se iba arriba el espectáculo en la lidia del quinto, con el que Vicente Barrera compuso una de sus típicas faenas verticales, templadas y de pies inmóviles que llegó muy pronto al tendido aunque acabó yendo a menos, como muy a menos fue la lidia del toro que cerró plaza, el más deslucido de la corrida -aunque su matador tampoco hizo mucho por demostrar lo contrario- y con el que el torero de Fuenlabrada anduvo gris y aburrido.
Antes, Barrera ni se confió ni se acopló con su primero y toreó con mucha rapidez al noblón tercero en tanto que Jiménez estuvo premioso y difuminado con el parado segundo.
Paco Delgado
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