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Novillos de Santos Alcalde, bien presentados y de buen juego en conjunto.
Final del concurso Camino a matador.
José María Arenas (de rosa y oro), ovación tras avios y vuelta al ruedo tras petición y otro aviso.
Manuel Sarrión (de grana y oro), silencio tras tres avisos y silencio con otro aviso.
José Arévalo (de lila y plata), oreja con aviso y oreja.
Un cuarto de entrada.
Arrancó una nueva edición de la Feria de la Comunidad con la final del concurso Camino a matador, una función de largo metraje (duró casi tes horas) y perfil bajo que puede dar la sensación engañosa de un triunfo apoteósico y que sólo lo fue de paisanaje.
Y lo cierto es que el comportamiento del ganado de Santos Alcalde sí que dio para que se hubiese conseguido algo de mayor calado y enjundia y sólo hubo, eso sí, muchas ganas, voluntad y algunos detalels y pinceladas de clase... que en su mayor parte hay que apuntar en el balance del albacetense José María Arenas, que evidenció planta y muy buenas maneras, luciendo en una primera faena en la que adelantó mucho el engaño y llevó muy toreado a su enemigo, sobre todo por el pitón derecho, perdiendo una oreja al tardar mucho en doblar el astado. También s ele pidió recompensa del cuarto, con el que s elució al torear a la verónica y con el que firmó otro trasteo de signo derechista y a menos.
José Arévalo fue el triunfador de la tarde, derrochando ganas y pundonor, no pedonando quite ni ocasión de estar ante el toro, muy en novillero. Pero ninguna d esus faenas tuvo luego continuidad ni empaque, limitándose a dar muchos muletazos, casi siempre hacia afuera e inconexos y, además, ahogando las embestidas de sus oponentes.
Mnauel Sarrión, por su parte, acusó su inactividad y falta de actuaciones, no pudiendo matar a su primero y sim aclararse tampoco con el que cerró plaza.
Paco Delgado
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