Algemesí. Lleno. Viernes, 25 de septiembre de 2009
 

Cinco novillos de Sánchez Arjona, el tercero para rejones, muy bien presentados, bueno el 2º, el resto manejables pero justos de raza.

Alejandro Esplá: silencio tras aviso y ovación.
Juan del Álamo: oreja y silencio.
José Luis Cañaveral: oreja.


La tarde no respondió a las expectativas que había levantado. En el cartel dos de los novilleros de más interés del momento y una ganadería que en Algemesí suele ser sinónimo de éxito: Alejandro Esplá y Juan del Álamo con los de Sánchez Arjona. Pero en cuestiones taurinas dos y dos no suelen ser cuatro. No hay dos tardes iguales aunque se repita la misma combinación, ni garantías de triunfo por mucho que condimente el guiso con los mejores ingredientes.

Les faltó chispa a los novillos de Sánchez Arjona, aunque sería injusto meterlos a todos en el mismo saco. Bueno, muy bueno fue el segundo, y en ese son pero más flojo el último, al que del Álamo agotó pronto por exigirle en demasía. Les faltó raza al primero y también al de rejones, y fue deslucido el cuarto.

Los momentos más sentidos de la tarde los protagonizó Juan del Álamo en su primero, con el que derrochó torería, despaciosidad, buen gusto, sentido del temple y de la ligazón. Lástima que un par de desarmes deslucieran su labor. No bajó el tono frente al que cerraba festejo, sólo que lo obligó tanto en pases de mano baja que pronto dejó de embestir.

Alejandro Esplá anduvo tan fácil que su labor perdió mérito. Hacerle faena al marmolillo que abría plaza era imposible, y, pese a que fue ilusionante el inicio de faena a su segundo, acabó contagiándose de su sosería.

La predisposición y la entrega llevaron la firma de Cañaveral, que ha sido hasta el momento el único rejoneador que ha conseguido correr a dos pistas en lo que llevamos de feria. Quebró echándose encima del astado, y clavó al violín con espectacularidad. Sin embargo no estuvo tan fino con el rejón de muerte y con el descabello.



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