Algemesí. Casi lleno. Martes, 22 de septiembre de 2009
 

Cinco novillos de Cebada Gago, el tercero para rejones, bien presentados pero desrazados y complicados.

Jesús López: silencio y ovación
Paco Chaves: oreja tras aviso y oreja
Roberto Armendáriz: palmas tras aviso


Por narices. Paco Chaves salió a hombros por narices. Porque se empeñó en ello por encima de las circunstancias. Porque no se arredró en ningún momento. Porque posee valor. Quizá también porque tiene el oficio bien aprendido, y porque querer de verdad suele ser sinónimo de poder.

Banderilleó con brillantez pese a que no le dio facilidades ninguno de sus enemigos. En realidad al encierro de Cebada Gago le faltó raza y le sobró violencia. En conjunto fue una novillada muy complicada que pidió el carné a los espadas, y Paco Chaves demostró que lo tenía. Al primero de su lote le costaba comenzar a embestir, lo que boicoteó que la faena tuviese mayor continuidad y contundencia. Aún así el extremeño lo entendió muy bien, y con firmeza y serenidad supo aprovechar la transmisión del astado cada vez que se arrancaba.

Mayor mérito tuvo su faena al que cerraba festejo, un manso encastado que embestía a arreones y arrollando. Sufrió una voltereta que no le intimidó lo más mínimo. Supo colocarse en el sitio donde los toros no tienen más remedio que embestir, y a base de raza, poder, seguridad y valentía logró mandar sobre el animal y acabar cortando la oreja que le valía la salida a hombros.

Jesús López dio la cara, aunque acusó la inactividad. Lo intentó pero sin la autoridad suficiente ante el manso incierto que abría plaza, y se mostró más dispuesto con el segundo de su lote, de embestida tarda y desigual, pero el desacierto con los aceros le privó de conseguir algún trofeo.

Roberto Armendáriz sacó a relucir su concepto ortodoxo del rejoneo, el de intentar llevar prendido a las cabalgaduras al toro, el de cuartear dando el pecho y el de clavar al estribo, pero las violentas arrancadas del novillo y el deficiente uso del rejón de muerte deslucieron su labor.

CARLOS BUENO.




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