Algemesí Sabado, 19 de septiembre de 2009
 

Novillos de Lagunajanda, manejables.

Juan Carlos Rey (de grosella y oro), oreja y vuelta al ruedo por su cuenta.
Carlos Durán (de grana y oro), silencio y vuelta por propia iniciativa.
Rubén Sánchez, vuelta al ruedo que nadie pidió.


Comenzó una nueva edición de la tradicional Feria de Novilladas de Algemesí con menos ambiente que otros años. La crisis se nota y la gente no llenó la singular plaza, algo que hacía mucho tiempo que no sucedía.
Lo que no cambia en esta feria es el cuidado con que se elige el ganado, no defraudando el encierro de Lagunajanda que abrió el serial. Una novillada muy bien presentada, noble y obediente, repetidora y sin un mal gesto, que acabó por encima de los novilleros.

Juan Carlos Rey se lució al veroniquear a su primero, siendo eso lo mejor de su actuación. Con la muleta anduvo tan voluntarios como espeso y vulgar. Se vio apurado al recibir de capa al cuarto, un novillo más hecho y con un punto más de aspereza con el que estuvo mecánico y sin brillo, dando muchos muletazos pero sin decir nada.

Carlos Durán, que reaparecía tras la lesión sufrida en la feria de julio, acusó la inactividad. Estuvo desconfiado y sin sitio con el segundo, al que lidió fenomenalmente El Ruso, y tampoco pudo con el quinto, otro novillo con más chispa que echó siempre la cara arriba sin que el valenciano lograse someterle ni domeñarle.

Tampoco le fueron mejor las cosas al rejoneador Rubén Sánchez, que se llevó un buen susto al ser estrellado por su oponente contra las tablas sin que, afortunadamente, la cosa pasase del susto. Sánchez fue a su aire, clavando siempre a toro pasadísmo y matando también tarde y mal. Como sus compañeros de terna le echó morro al asunto y dio una vuelta al ruedo que nadie solicitó.

Paco Delgado


Comentarios

Sin comentarios