|
Cinco becerros de Nazario Ibáñez generosos de romana y de buen juego. El 2º recibió la vuelta al ruedo.
Christian Uroz (de la Escuela de Castellón): dos orejas
Francisco Damas (de la Escuela de Valencia): oreja
Román Collado (de la Escuela de Valencia): dos orejas y rabo
Vicente Villaverde (de la Escuela de Alicante): oreja
Cristian Climent (de la Escuela de Valencia): oreja
El mayoral dio la vuelta al ruedo tras la muerte del 4º.
Me encantó una vez más Román Collado. El pasado año en esta misma plaza me sorprendió, y en esta ocasión ratificó que la impresión primera no fue un espejismo sino certeza, la evidencia de que nos encontramos ante un esbozo de torero con todos los mimbres para llegar a ser diestro importante en el futuro.
Tiene valor este Román –fundamental- y las ideas claras, lo que resulta muy recomendable. Resuelve con rapidez en momentos comprometidos y adereza su quehacer con gusto y gracia. Sólo el tiempo dirá si continúan creciendo sus aptitudes y alcanza los buenos presagios. De momento es pronto, muy pronto para cantar victoria. Pero lo hecho, hecho está, y en cuestión taurómaca no hay nada más lícito que ilusionarse, y a un servidor le ilusionó la actuación seria y maciza de este espigado valenciano.
Volvió a cortar un rabo, como el año pasado, pero en esta ocasión su faena fue de más mérito. Quizá menos vistosa, pero con más fundamento. En un quite por gaoneras se apercibió que tenía que llevar muy dominado a su exigente oponente, bravo y fuerte, de lo contrario el animal se apoderaría de la situación. Lo vio enseguida Román que se plantó en el centro del ruedo con la muleta baja y adelantada para mandar por ambos pitones en tandas largas, templadas y muy ligadas. Sí, es demasiado pronto para profetizar su futuro, pero sería una lástima no acertar con el vaticinio.
Del resto de integrantes de la terna causó muy buena sensación Cristián Climent. Tiene pinta de torerillo y corte interesante. Imprimió sentimiento a todo cuanto hizo, y siempre intentó hacer el toreo de calidad, el de llevar muy enganchadas las embestidas de sus antagonistas con la mano baja.
El castellonense Christian Uroz se mostró variado de capa y de su faena de muleta sobresalieron varias tandas de naturales.
Muy dispuesto estuvo Francisco Damas, que intentó alargar las embestidas de su novillo con autoridad y firmeza. La espada fue su asignatura pendiente.
Todo voluntad fue el alicantino Vicente Villaverde que, pese a estar más ayuno técnicamente que sus compañeros, consiguió que su quehacer subiese enteros a medida que se iba confiando y entendiendo con el novillo.
Nazario Ibáñez envió una becerrada de excelente presentación, cuajada y fuerte, que dio muy buen juego, resultado más exigentes los que saltaron en tercer y cuarto lugar.
La peña taurina La Estocada volvió a mostrar sus excelencias en la organización de un festejo histórico por el que han pasado gran parte de las figuras del toreo de los últimos tiempos.
Comentarios
Sin comentarios
|