Castellón Domingo, 18 de marzo de 2007
 

Cinco toros de María José Barral y un sobrero, tercero, de Montalvo, justos de presentación y fuerza pero manejables y colaboradores.

Jesulín de Ubrique (de blanco y oro), dos orejas y oreja tras aviso.
Rivera Ordóñez (de azul noche y oro), oreja y oreja.
Cayetano (de grana y oro), silencio y ovación con aviso.


El penúltimo festejo de La Magdalena cumplió el guión previsto y la plaza se llenó hasta la bandera, la gente se divirtió, los toreros estuvieron a gusto ante los toros de María José Barral, manejables y colaboradores, y se cortaron muchas orejas.

Pero, además, Jesulín de Ubrique toreó muy bien y volvió a dejar claro que es un diestro importante. Sacó a su primero más allá de las rayas para componer una faena muy templada sobre el pitón derecho aunque tuvo algún enganchón al torear al natural y que culminó con una gran estocada.
El cuarto tuvo más brío y el de Ubrique demostró técnica de sobra para ir domeñándole poco a poco y, con mucha parsimonia, torear otra vez con mucho temple y reposo para terminar sacando hasta el último muletazo que tuvo su oponente.

El primer toro de Rivera Ordóñez fue tan dócil como carente de chispa, por lo que su faena careció de emoción, algo similar a lo sucedido con el quinto, que se mantenía en pie de milagro y al que le fue sacando los muletazos que tuvo de uno en uno en otro trasteo deslavazado y efectista.

No tuvo su tarde Cayetano, que quedó inédito con el sobrero de Montalvo, que quedó para el arrastre tras el primer tercio sin que le pudiese dar ni un sólo muletazo y, pese a su disposición, no terminó de acoplarse ni someter al sexto, un toro rebrincado y que terminó orientándose y poniendo en muchos aprietos a su matador.

Paco Delgado


Comentarios

Sin comentarios