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Toros de Parladé, muy desiguales de presentación, justos de fuerza, mansos y deslucidos.
Morante de la Puebla (de rojo y azabache), pitos y bronca.
El Juli (de berenjena y oro), ovación y ovación.
El Fandi (de vainilla y oro), silencio y oreja.
Casi lleno.
La decepción sigue siendo la nota predominante en esta edición de la feria de julio y tampoco salió ayer contenta la mucha gente que casi llenó el coso de Monleón -hay que ser muy aficionado y valiente para sentarse en un tendido de sol con lo que está cayendo- para presenciar la segunda y última corrida con figuras incluida en este abono.
Un festejo que terminó defraudando, fundamentalmente por el comportamiento de los toros de Parladé, muy desiguales de presentación, justos de fuerza y raza, mansos y sin entrega. Sólo el sexto tuvo mejor son y El Fandi, que con su primero sólo brilló en banderillas, pudo sacar una faena de más a menos en la que destacó un comienzo templado y asentado, con ligazón en algunas fases pero que que acabó deshilvanado y confuso.
Con todo, lo más destacable corrió a cargo de El Juli, que sacó todo lo que tuvo su blando y manso primero, y se jugó el bigote con el alto y cuesta arriba quinto, toro brusco, violento y con peligro, siempre pendiente de un torero que estuvo muy firme y dispuesto y que le sometió a base de exponer, no dudar y lidiar en el más amplio y tradicional sentido del término, evidenciando.
Morante de la Puebla, con un lote para nada colaborador, se mosqueó enseguida y no quiso saber nada de sus toros. Abrevió descaradamente y fue pitado con justicia.
Paco Delgado
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