Valencia Martes, 21 de julio de 2009
 

Cinco novillos de María José Barral, el sexto lidiado como sobrero, y uno, primero, de Los Chospes. Conjunto de muy desigual presencia, bajo de raza pero manejable.

Dámaso González (de verde hoja y oro), silencio, silencio y silencio con aviso.
Luis Miguel Casares (de malva y oro), silencio, silencio y silencio con aviso.
Carlos Durán (de carmelita y oro), durante la lidia de su primero sufrió la fractura de su muñeca derecha.

Un cuarto de entrada.


La segunda y última novillada picada del abono de julio, en la que no se escuchó ni dedicó ni una sóla ovación, estuvo marcada por la lidia del tercer novillo, un astado de María José Barral, muy protestado de salida por su poca presencia y menos cara, que manseó en los primeros tercios pero que tomó la muleta con buen son y recorrido, permitiendo a Carlos Durán sacar una faena templada y bien planteada que no pudo rematar al llevarse una voltereta, cuando, en el tramo final de su labor, perdió la cara a su oponente, sufriendo la fractura de su muñeca derecha, teniendo que hacerse cargo del animal Dámaso González.

El resto de la función fue bastante plano y aburrido. Y eso que el ganado, muy desigual de presentación, muy cómodo de cabeza y bajo de casta, fue manejable y bonancible.
Dámaso González, muy gris y apagado, no cogió el aire a su primero y con el quinto dejó otra faena irregular y efectista.

Luis Miguel Casares poco pudo hacer con su primer antagonista, muy parado y a la defensiva. Con el cuarto anduvo dispuesto pero sin terminar de macizar su labor y con el sobrero que cerró plaza, también justo de fuerza, sólo pudo estar voluntarioso y destajista.
Sí que destacó el peonaje: Javier Palomeque, José Aponte, El Levantino, El Ruso o Juan Contreras dejaron constancia de su oficio y buen hacer.

Paco Delgado


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