Valencia Sabado, 18 de julio de 2009
 

Toros de Fermín Bohórquez, correctos de presentación y, en general, manejables y de buen juego.

Fermín Bohórquez, ovación y ovación.
Hermoso de Mendoza, oreja con fuerte petición de otra y dos orejas.
Diego Ventura, ovación y oreja con petición de una segunda.

Más de tres cuartos de entrada.


Un Pablo Hermoso de Mendoza impecable, exultante y rozando la perfección, se convirtió ayer en el primer gran triunfador de la feria de julio, dejando una actuación sensacional e impactante que no fue justamente valorada por el palco presidencial, que le impidió salir a hombros con una mucho mayor cosecha de trofeos.

Cumplió una primera faena magistral, parando en un palmo de terreno, regalando unos quiebros increíbles por los adentros, recortando en la cara del toro como si en vez de un caballo de mil kilos manejase un capote de franela, y, naturalmente, citando de frente, dando siempre el pecho y clavando al estribo y arriba. Y todo ello con una naturalidad, suavidad y temple exquisitos. Magistral.

Esa misma elegancia, ese mismo ritmo, ese mismo tono fueron los que exhibió con el quinto, acentuando otra vez el toreo fundamental y obviando lo accesorio en una labor en la que tuvo la colaboración de grandes toreros: Chenel, Silveti, Caviar, Pirata e Icaro, fundamentalmente.

Visto lo de Hermoso, la actuación de Diego ventura quedó muy debajo, desacoplado, veloz y crispado con su primero, mejoró su registro con el sexto pero cediendo al final al tremendismo, mientras que Fermín Bohórquez, tan discreto como correcto, cumplió a la perfección su papel de telonero.

Paco Delgado


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