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Novillos de El Torreón, propiedad de César Rincón, muy bien presentados y de excelente juego. Sobresalió el bravo cuarto.
Raúl Martí, de rojo y oro: oreja y ovación tras dos avisos.
Ángel Teruel, de espuma de mar y oro: vuelta al ruedo y ovación.
Sebastián Palomo, de rosa y plata: ovación y oreja.
Una excelente novillada de César Rincón puso en bandeja el éxito rotundo que todo torero anhela en una plaza de importancia. Los tres novilleros tuvieron la ocasión de salir en hombros con varias orejas en el esportón, pero finalmente, por unas u otras circunstancias, sólo se cortaron dos apéndices. Aunque fue difícil dictaminar qué novillo fue el mejor, de entre todos es justo destacar al cuarto, por cuajo un toro, que repitió sus embestidas incansable y con clase.
La sensación de la tarde llevó el nombre de Palomo Linares, muy descentrado con el capote pero impactante con la muleta. Es torero de plantas asentadas, de llevar largos y toreados a sus antagonistas acompañando sus embestidas con el pecho. Torero templado que se siente y que imprime gusto a su quehacer. Su primero tardó en caer y se enfrió el público a la hora de pedir trofeos. Sin embargo, le pidieron la oreja del segundo pese a que tuvo que descabellar hasta en dos ocasiones.
También cortó una oreja Raúl Martí, el más tierno de la terna, al que abría festejo por una labor pulcra y templada, sobresaliendo toreando por el pitón derecho. Frente al cuarto se mostró entregado y decidido, sin volver la cara ni arredrarse ante u novillo bravo y repetidor. Lástima que algunos enganchones deslucieran su labor. Además se demoró con los aceros.
Ángel Teruel se mostró tan académico como frío. Se le adivina un excelente corte de torero y, aunque protagonizó momentos de pases de trazo largo y sentido, no acabó de redondear ninguna de sus faenas. Además se echó en falta un ápice de reposo. Con una marcha más lenta su toreo ganaría quilates. También fue de los que no estuvo hábil con los aceros.
CARLOS BUENO
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